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Última actualización: 05/04/2021

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Las opiniones contenidas en estos puntos de vista, son responsabilidad exclusiva de los autores de las mismas, y no tienen que representar necesariamente la posición del resto de los miembros de la Junta sobre los temas tratados.



abril/2021

LAS RESERVAS NATURALES SUBTERRÁNEAS, UNA NUEVA FIGURA DE PROTECCIÓN DERIVADA DEL REGLAMENTO DEL DOMINIO PÚBLICO HIDRÁULICO
Dr. Juan José Durán Valsero. Vocal Club del Agua Subterránea (CAS)

 

Licenciado en Ciencias Geológicas (Universidad de Granada), Doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Máster en Administración Pública (UCM), Especialista en Economía del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (Universidad de Alcalá) y Diplomado en Defensa Nacional (CESEDEN). Es Investigador Científico de OPI, con destino en el Departamento de Investigación en Recursos Geológicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), donde ha ocupado diversos puestos directivos.

Es Académico Correspondiente de la Academia Malagueña de Ciencias, y colaborador de la Real Academia Española de Farmacia (Comisión de aguas minero-medicinales y termales). En la actualidad es vocal del Club español del Agua (CAS), Vicepresidente de la Asociación Internacional de Hidrogeólogos-Grupo Español (AIH-GE), Vicepresidente de la Asociación de Cuevas Turísticas Españolas (ACTE), Presidente de la Asociación Iberoamericana de Cuevas Turísticas (actiba) y Presidente de la Fundación Fomento y Gestión del Agua.

Ha dirigido y participado en numerosos proyectos de investigación sobre Hidrogeología, Geomorfología. Medioambiente y Gearqueología. Coautor de más de 50 artículos publicados en revistas internacionales (SCI), ha impartido conferencias en numerosas universidades y centros de investigación españoles y extranjeros y dirigido cuatro tesis doctorales. Es codirector de la Unidad Asociada entre la Universidad de Málaga y el IGME denominada “Estudios Hidrogeológicos avanzados”. Ha recibido diversos premios y distinciones en el ámbito de la investigación y en el profesional.

 

En España existen numerosas figuras de espacios natrales protegidos, en torno a unas cuarenta, amparadas o derivadas de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, así como del amplio corpus normativo de las diferentes comunidades autónomas en materia ambiental y de protección de la Naturaleza.

Mediante esas figuras, y algunas otras derivadas del marco europeo o de convenios internacionales, se han declarado hasta la fecha unos 2000 espacios naturales protegidos, de distinto tamaño, rango de protección y valores a proteger.  El agua en general y el agua subterránea en particular son elementos protagonistas en un buen porcentaje de dichos espacios, pero hasta la fecha nunca se habían declarado espacios protegidos por el agua en sí, como recurso principal a proteger.

En fechas recientes se han aprobado algunas normas que posibilitan esa protección directa del recurso hídrico. En concreto, la modificación de Reglamento del Dominio Público Hidráulico mediante el RD638/2016, establece, en su artículo 244 bis, las denominadas “reservas hidrológicas”, como un tipo de figura de protección sectorial, derivada de la Ley de Aguas de 1985.

Estas reservas son muy poco conocidas y aplicadas de forma muy irregular en las distintas demarcaciones hidrológicas españolas. Las reservas hidrológicas son ríos, tramos de ríos, lagos, acuíferos, masas de agua o partes de masas de agua, declarados como tales por sus especiales características o debido a su importancia por su conservación en estado natural.

Dichas reservas se clasifican en tres tipos: reservas naturales fluviales, reservas naturales lacustres y reservas naturales subterráneas.

De las primeras se han declarado hasta el momento actual 227, de las segundas, ninguna, mientras que las terceras se encuentran en este momento en fase de estudio y propuestas.

Las reservas naturales subterráneas son aquellos acuíferos o masas de agua subterránea en las que, teniendo unas características de representatividad relacionadas con su origen y otras de índole geológica o hidrogeológica, así como una conexión con los ecosistemas terrestres asociados, las presiones e impactos producidos como consecuencia de la actividad humana no han alterado significativamente su estado natural.

En el año 2020, la Dirección General del Agua llevó a cabo un primer análisis de las posibilidades de declaración de una serie de reservas naturales subterráneas en algunas cuencas hidrográficas españolas peninsulares.

Tras el mismo, se propusieron quince reservas naturales subterráneas, en ocho demarcaciones hidrográficas: Miño-Sil, Cantábrico Oriental, Cantábrico Occidental, Duero, Tajo, Guadalquivir, Júcar y Ebro.

 

Manantial del río Cadagua, en la demarcación del Cantábrico Oriental,
una de las reservas hidrológicas subterráneas propuestas (foto: TRAGSATEC)

 

La mayor parte de las propuestas se centraban en la protección de fuentes o manantiales situados en cabeceras de ríos y sus zonas de recarga. El Instituto Geológico y Minero de España, a propuesta de la Dirección General del Agua (DGA), realizó una valoración de las mismas, concluyendo que la mayor parte de ellas (nueve) eran adecuadas para su protección, aunque prácticamente todas necesitaban estudios adicionales para la delimitación precisa de su área de protección. Las seis restantes no parecieron adecuadas, por diversos motivos (afecciones antrópicas, en la mayor parte), y se propusieron otras seis áreas en sustitución de las primeras en las mismas cuencas hidrográficas.

En la actualidad, se está a la espera de que la DGA proceda a la declaración definitiva del primer grupo de reservas naturales subterráneas españolas, una figura que probablemente se desarrollará mucho más en el futuro inmediato, contribuyendo a la protección del patrimonio hidrogeológico de las todas las demarcaciones hidrográficas españolas, tanto peninsulares como insulares.

 



marzo/2021

LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS Y LOS PLANES ESPECIALES DE SEQUÍA
Miguel Martín Machuca. Ingeniero de Minas. Hidrogeólogo

 

Ingeniero de Minas por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid. Más de cuarenta años trabajando en hidrogeología. Se inicia como profesional en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) participando en el Proyecto de Investigaciones Hidrogeológicas de la Cuenca del Guadalquivir 1965-1974 que fue financiado por el Gobierno Español y las NU y realizado por el IGME y la FAO. Posteriormente ha participado en numerosos proyectos relacionados con la investigación, aplicación y gestión de las aguas subterráneas, destacando en este sentido como líneas de investigación preferentes: Caracterización de acuíferos de la Cuenca Baja del Guadalquivir: Desarrollo de sistemas de experimentación de recarga artificial de acuíferos; planificación y gestión; el agua subterránea y el medio ambiente; el agua subterránea como fuente de abastecimiento urbano. Ha sido Jefe de la Oficina de Proyectos del IGME en Sevilla (1973-2010). Así como representante del IGME en diferentes organismos e instituciones, como Junta de Gobierno de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Patronato de Doñana, Comité Andaluz de Humedales. Desde el día 2 de febrero de 2010 ha pasado al estado de jubilado.

 

Las sequías hídricas son hechos climáticos recurrentes en el tiempo y en el espacio que forman parte normal del clima mediterráneo.

En Andalucía, cuando dos o más años secos se suceden, la sequía implica una reducción de los recursos hídricos disponibles, tanto para usos vitales como económicos. Por esta razón es necesario disponer de Planes Especiales de Sequia actualizados que incluyan instrumentos   para adaptarse y mitigar los efectos de estos fenómenos climáticos. Evidentemente su incidencia negativa es tanto mayor cuanto más tiempo duran y cuanto mayor es el territorio afectado.

Los Planes Especiales de Sequía, en lo que afecta a los abastecimientos públicos de agua potable, allí donde sea posible, por la existencia de acuíferos, de capacidad y calidad suficientes, deben incluir necesariamente las medidas que hagan posible la aportación de los recursos hídricos subterráneos en situaciones de sequía; bien como solución o bien como complemento a un sistema de abastecimiento regularmente establecido.

Cuando se produce una sequía los cursos de aguas superficiales, disminuyen su caudal o se secan; los embalses no se llenan. La afección a las aguas superficiales es inmediata. Sin embargo, la afección a las aguas subterráneas se atenúa, es mucho más lenta. Los acuíferos subterráneos, por sus propias características y extensión, pueden asimilar un periodo seco sin que su respuesta a la explotación se vea seriamente afectada. Estos hechos, aparte de otros, son los que dan valor a las aguas subterráneas como recurso complementario para atender la demanda de un abastecimiento público de agua potable en situaciones extraordinarias, provocadas por una sequía u otro tipo de incidencias que pudieran sobrevenir.

La incorporación de las aguas subterráneas al sistema de abastecimiento público de agua potable, siempre debe ir precedido por un proyecto que, en síntesis, contenga:

  • Estudio Hidrogeológico (si no existiera)

  • Plan de captación: Ubicación de obras, diseño de las mismas, ejecución, evaluación y programa de explotación.

  • Mantenimiento y conservación en el tiempo de las infraestructuras creadas.

  • Medidas de protección (perímetros de protección o de salvaguarda).

Al producirse una sequía, dada la urgencia y necesidad de actuar, se toman una serie de medidas, no siempre suficientemente meditadas, que cuando se ha superado y se vuelve a la normalidad, se olvidan. Este es el caso de muchas obras de captación de aguas subterráneas construidas expresamente con esa finalidad. Cuando ha vuelto la sequía, que siempre vuelve, aquellas obras e infraestructuras que llevan anexas, se encuentran en un estado de conservación que las hace poco utilizables, teniendo que “volver a empezar”, con el coste económico adicional y falta de respuesta inmediata. Por esta razón es imprescindible disponer y aplicar un plan de conservación y mantenimiento que permita utilizarlas eficientemente cuando así lo exijan las circunstancias.

 



enero/2021

AUN NO ESTAMOS EN LA LUNA, PERO CASI…
Dr. Fernando López Vera. Vicepresidente del CAS

 


1970-73 Becario en IBERGESA, Diplomado en hidrogeología y Dr. en Geología Económica por la UCM (1975). Ha desempeñado labores docentes y de investigación durante 45 años como profesor encargado de curso, ayudante y adjunto en la UCM y UAM, en 1985 obtiene la cátedra en la Universidad de Salamanca y en 1987 en la Autónoma de Madrid. En la actualidad jubilado. Jefe provisional de la Sección de Recursos Hidráulicos en el CSIC (1977-79). Miembro de la AGID, de la IAH y de ADECAGUA desde 1974. Promotor de la AGE y la AEH, SGE y CAS de la que es Vicepresidente 1º y Fundación para el Fomento y Gestión del Agua de la que es Presidente. Ha sido coordinador de recursos hídricos para Iberoamérica del CYTED (1982-92) y del Grupo de trabajo en aguas subterránea del Ministerio de Medio Ambiente (2005-08.)

 

Esta no es una cuestión que ocupe ni preocupe en la actualidad a nuestra comunidad de hidrogeólogos, pero no está de más reflexionar sobre ello.

En una fecha tan próxima como el 2024 la NASA tiene prevista la misión “Afrodita” que muy posiblemente será liderada por la geóloga Jessica Watkins. La misión Afrodita llevará de nuevo al hombre a la Luna, esta misión debe resolver diversas cuestiones de logística y entre ellas la del suministro de agua, que allí es tan vital como en nuestro planeta.

Esta misión se considera que constituirá el prólogo de lo que probablemente sea la primera fase de colonización de nuestro satélite.

 

Plan de la NASA para transformar a Marte en un planeta habitable para los seres humanos. Marte en el pasado y ahora, según una ilustración de la NASA. El planeta rojo tuvo en el pasado una atmósfera y océanos (Ilustración CAS extraída de Google)

Hasta hace apenas 60 años se consideraba que el agua solo existía en nuestro planeta (en los tres estados conocidos, solido, líquido y gaseoso), sin embargo, la investigación astrofísica y planetaria ha puesto en evidencia que el agua es una sustancia muy abundante en el universo, desde las nubes interestelares a multitud de otras formas y estados. Así, existen múltiples evidencias de la existencia de agua en Marte, no solo en su pasado, sino también en la actualidad. Aparte de su existencia en el casquete sur-polar formado por hielo de clastrato (H2O+CO2), se ha probado la existencia de un permafrost e incluso se especula de la existencia de agua líquida subterránea.

También, en la Luna, las diversas exploraciones robotizadas, han venido acumulando evidencias de la existencia de agua en diversos estados y en distintos ámbitos lunares.

En 1961 Caltech Kenneth Watson y otros, plantearon la hipótesis de la existencia de agua en la Luna, pero no fue hasta la misión Apolo 14 (1971) y Luna 24 (1978) cuando estas hipótesis empezaron a tomar forma. La publicación por investigadores del Instituto Vernadsky de geoquímica en 1978 del hallazgo de moléculas de agua en el regolito a 118 y 184 cm de profundidad, constituyen la primera evidencia científica de su existencia. Las sucesivas misiones por parte de EEUU y la URSS (Rusia) en (1994, 1999,2005 y 2006), así como las de Japón e India (2008) y China (2009) han permitido configurar un mapa “hidrológico” de la Luna.  Que se sistematizara mediante la futura misión del orbitador Traiblaizer, que realizara una prospección sistemática.

Las evidencias acumuladas han permitido establecer el estado físico-químico, sus orígenes y distribución espacial del agua en la Luna.

Hasta la fecha se han identificado dos orígenes potenciales y formas distintas de agua lunar: la aportada por los cometas y otros cuerpos, portadores de agua que impactan contra la Luna y la producción in situ.

La primera sería similar al aporte de agua a nuestro planeta en la fase primigenia de acreción y posteriormente en las fases cataclismicas. Esta agua podría quedar enterrada como lentejones en el regolito lunar o acumulada en los fondos de los profundos cráteres polares.

El mecanismo propuesto para la producción in situ, ocurriría cuando los iones de hidrógeno (protones en el viento solar) se combinan químicamente con el oxígeno constituyentes de óxidos y silicatos, quedando atrapada en las redes cristalinas de los minerales lunares.

Incluso se ha teorizado sobre un posible ciclo del agua lunar, similar al que se produce en Marte.

En las zonas iluminadas de la Luna el agua libre, aportada por impacto o producida por la acción del viento solar, no puede persistir pues la radiación solar la eliminaría dividiéndola en sus elementos constituyentes, hidrogeno y oxígeno, que luego escaparían al espacio. Sin embargo, a través de un proceso de evaporación y condensación podría migrar a áreas polares permanentemente frías a -170 ºC, que actuarían de trampa, acumularse allí como hielo.

Este mecanismo hipotético de trasporte y atrapamiento, es uno de los objetivos de investigación.

Estamos, sin lugar a duda, apunto de alcanzar uno de los grandes objetivos estratégicos de la humanidad cuyos orígenes se remontan a finales de los años 50 del siglo pasado, en el clímax de la guerra fría. A iniciativa de la Unión Internacional de Uniones Científicas, se desarrolló el Año Geofísico Internacional (AIG) (1957-59) que aunó el esfuerzo coordinado de más de 30.000 científicos de 66 países en la investigación de nuestro planeta, utilizando por primera vez sofisticada instrumentación científica-heredera de desarrollos militares- de forma masiva. El resultado fue un enorme salto adelante en el conocimiento de nuestro planeta, desde la estructura de la tierra y la formulación de la Tectónica de placas, al conocimiento de los fondos oceánicos y la hidrogeología, o la estructura y dinámica atmosférica con los primeros vuelos espaciales.

En la década siguiente, estos conocimientos fueron asimilados y se tomó conciencia de la fragilidad y limitaciones de nuestro planeta, fue la década de la ecología y el ecologismo. Y en los 70, tras los trabajos del Club de Roma, la Conferencia de Estocolmo, y posteriormente el Informe 2000 y muchos otros, se asumió la evidencia ecológica de que la extinción de comunidades se producía por la sobrepoblación, que originaba escasez de recursos y acumulación de residuos. Y que la comunidad humana no escapaba a este modelo.

Por entonces se estimó la carga máxima de nuestro planeta en 10. 000 millones de habitantes y se puso fecha de caducidad a nuestra civilización.

Para tratar de prolongar este fatal desenlace se pusieron en marcha campañas de control de natalidad que fueron ineficaces y ante la imposibilidad de modificar nuestro modelo de desarrollo económico, surgieron dos ideas estratégicas “el desarrollo sostenible” fruto de un conocido informe como medida paliativa, para alejar el fin lo más posible y el “crecimiento hacia el espació”, fruto de otro informe menos conocido, como solución a largo plazo.

Resultado del segundo, fue la creación de la Planetologia como disciplina en la mayoría de los centros de investigación en los países desarrollados y la reorientación de la investigación espacial, surgida del AGI, en un “Programa espacial” que fijaba los nuevos objetivos en la obtención de recursos y el asentamiento humano en los cuerpos planetarios próximo.

En la actualidad más de una veintena de países tiene acceso a la tecnología espacial y los más avanzados desarrollan programas específicos de minería de metales vitales para nuestro desarrollo tecnológico y de Helio-3 como combustible para la casi decena de centrales de fusión nuclear existentes en fase experimental.

Para implementar estos proyectos es fundamental progresar en el conocimiento de agua en los planetas próximos y de los instrumentos para su investigación y esto forzara, seguramente, un cambio de paradigma en nuestra concepción del agua, su manejo y la forma de investigarla.

¿Estamos preparados para ello?...

 



nov./2020

LA IMPORTANCIA DE LA OPTIMIZACIÓN DE LOS BOMBEOS DE AGUA SUBTERRÁNEA EN LA TRANSICIÓN ECOLÓGICA. ASPECTOS HIDROGEOLÓGICOS.
D. Luis Rodríguez Hernández. Ingeniero de Minas. Hidrogeólogo

 


Ingeniero superior de Minas, especialidad Geología Aplicada y Geofísica por la E.T.S de Ingenieros de Minas de Oviedo. Desde marzo de 1978 trabajó en E.P.T.I.S.A., en los proyectos, dirigidos por el IGME, Investigación Hidrogeológica, Conservación y Gestión de acuíferos en la cuenca Media y Baja del río Júcar y Plan Nacional de abastecimiento a núcleos urbanos. En 1986 se incorpora a la Diputación Provincial de Alicante. Entre septiembre de 1995 y julio de 2018 ejerció la Dirección técnica y económico-administrativa del Ciclo Hídrico. En su faceta técnica, sus líneas preferidas de actuación han sido el proyecto y dirección de más de 150 pozos y sondeos para abastecimiento y su evaluación y equipamiento, así como de plantas potabilizadoras en los programas FEDER 1992 y (2002.9.IHC.001) financiado con Fondos de Cohesión. Como estrategias de desarrollo, el Plan de Optimización Energética de Instalaciones de Elevación de Agua; los Planes de construcción de presas de recarga a los acuíferos y de Construcción de presas para regular escorrentía superficial provincial en pequeñas cuencas; los programas de estudios hidrológicos y gestión del agua de la provincia, con el IGME. Definición de los 167 embalses subterráneos provinciales y modelación numérica de los principales; diseño e implantación de las redes de control hidrológico y del Sistema Provincial de Información Hidrológica e Infraestructuras Hidráulicas, enlazado con el Sistema de Telegestión de Recursos Hídricos e Infraestructuras Hidráulicas, primero de carácter provincial. Ha diseñado y dirigido el desarrollo de herramientas propias de diagnóstico, planificación y ayuda a la decisión, software hidrológico e hidráulico, con la edición de 12 aplicaciones. Ha sido autor o coautor en 79 ponencias o comunicaciones presentadas en cursos, revistas o certámenes y director, coordinador o editor y coautor de 56 libros, de contenido hidrológico, hidrogeológico, de gestión de recursos hídricos y de optimización de sistemas de abastecimiento.

 

El consumo y coste energético de elevación del agua subterránea hasta los depósitos o balsas de regulación, en los abastecimientos de agua o regadíos, son variables significativas tanto en la huella energética del sector como en el coste de la actividad.

 

Ø El impacto energético

El consumo de energía en los bombeos de agua subterránea representa un porcentaje relevante del gasto energético del abastecimiento de agua, especialmente elevado en el sureste español, con extensas áreas suministradas, en un alto porcentaje, con agua subterránea frecuentemente extraída a notables profundidades. 

En los Programas desarrollados por la Diputación de Alicante Optimización de la explotación en infraestructuras municipales de captación de aguas, entre 1991 y 1998 y, posteriormente, entre 2013 y 2017, que abarcaron 59 y 60 instalaciones de impulsión, respectivamente, se obtuvieron datos detallados acerca de consumos y rendimientos de elevación de aguas subterráneas al depósito, que, completados con datos de la Encuesta de infraestructuras municipales de abastecimiento en alta, permiten establecer los siguientes parámetros:

  • El consumo energético medio provincial en la elevación de aguas subterráneas para abastecimiento asciende a 0,9 kWh/m3, ratio medio similar al obtenido para la provincia de Almería, de 0,94 kWh/m3, en el Estudio de la huella energética del abastecimiento urbano de agua de la provincia de Almería. (Martínez F.J. 2011).
    Varía entre 0,20 en acuífero detrítico de poca profundidad y 3,66 en acuífero sobreexplotado del Medio Vinalopó, correspondiendo los valores más elevados a impulsiones de altura de elevación media-alta o con inadecuados rendimientos y regímenes de explotación.
    Considerando un bombeo de 110 hm3/año, el consumo ascendería a 100 MWh/año.

  • En los municipios con gestión directa del servicio de aguas, el consumo unitario medio resulta de 1,21 kWh/m3 que, para un bombeo de 7,77 hm3/año, proporciona un consumo de 9,4 MWh/año. Los rendimientos electromecánicos resultaron en el intervalo 10-66%, presentando más del 50% de las impulsiones rendimiento <40%

Estas cifras revelan el ahorro potencial si se corrigen los rendimientos al objetivo del 60%. Mayor aún si se considera también el bombeo de agua subterránea con destino agrícola, del orden de 100 hm3/año.

En consecuencia, el incremento de la eficiencia energética mediante el adecuado diseño electromecánico de las instalaciones en la fase de proyecto, así como el aumento de su rendimiento y la adecuación del régimen de bombeo y de la tarifa eléctrica en la fase de explotación, tienen un impacto energético y económico trascendente.

Instalación electromecánica de elevación de aguas subterráneas

 

Ø Mitigación del impacto energético en el diseño y explotación de las instalaciones

En las captaciones con fluctuaciones intra y plurianuales de la superficie piezométrica poco significativas, escasa variación de la demanda estacional y elevado caudal específico, el diseño óptimo de las instalaciones y del régimen de explotación es sencillo, ya que la altura manométrica de elevación es, prácticamente, constante para cada caudal, reduciéndose el diseño a elegir el caudal de bombeo que, satisfaciendo la demanda diaria, con dimensionamientos y pérdidas electromecánicas razonables, se adapte a la tarifa eléctrica más conveniente, cumpliendo las restricciones que impone la captación y la capacidad de almacenamiento destino, que suele ser la tarifa correspondiente a las horas valle     contratando los kW requeridos en los períodos 3 o 6 y una mínima potencia en los restantes períodos, para alumbrado y servicios.

El diseño se complica cuando la captación presenta alguna/s de las características siguientes:

  • Variaciones piezométricas intra y/o plurianuales relevantes

  • Descensos piezométricos importantes para el intervalo posible de caudales de explotación

  • Importantes fluctuaciones estacionales de la demanda de agua

En estos casos, la altura manométrica de la instalación oscila significativamente con el caudal, ya que a la variación de las pérdidas de carga se suma la fluctuación piezométrica natural y/o antrópica del embalse subterráneo y la provocada con el bombeo en el pozo; a lo que se puede sumar la variación mensual del caudal a bombear por variaciones en la demanda.

El problema multifunción de la optimización del coste energético, no puede abordarse analíticamente sino de forma numérica, lo que requiere herramientas de ayuda, como pueden ser las desarrolladas por el Ciclo Hídrico de la Diputación de Alicante entre 1992 y 2018.

La aplicación LOLI 4.0, optimiza el diseño y régimen de bombeo en las instalaciones de captación de aguas subterráneas, considerando todas las variables hidrológicas citadas y las restricciones impuestas por la captación, los depósitos de regulación, la reglamentación eléctrica y las normas tecnológicas, contemplando la posibilidad de variador de frecuencia, y de demanda y piezometría variables. Determina el caudal óptimo, diseña las instalaciones y la tarifa idónea para minimizar el coste del agua. También contempla la posibilidad de energía solar. Se utiliza para captaciones individuales.

El diseño se complica, aún más, cuando se trata de optimizar sistemas distribuidos, como puede ser un abastecimiento de agua que se suministra de varias captaciones, pozos y manantiales en distintos acuíferos, complementadas o complementando aguas de distintos orígenes; aguas superficiales y/o desaladas. Esto implica distintas garantías de suministro, alturas de elevación, calidades del agua, caudales variables en los recursos alternativos y diferentes costes y gastos energéticos, todo ello en sistemas hidráulicos en alta complejos, con diversos depósitos de regulación e interconexiones con las captaciones y puntos de demanda, lo que obliga a considerar series de demandas con distribución horaria. Además, a las restricciones hay que añadir las de calidad del agua requerida en destino y de garantía de suministro en cada origen.

Hidrológicamente, el diseño requiere contemplar nuevos conceptos, como series de aportaciones en manantiales y aguas superficiales, calidad del agua de las distintas fuentes y curva de reservas útiles para determinar la garantía de suministro de las captaciones de agua subterránea y los volúmenes almacenados, en cada momento, en los embalses.

Una aplicación que incorpora al cálculo hidráulico los conceptos hidrogeológicos es DIANA 1.3, que, utilizando LOLI 4 en cada captación y elevación, optimiza, energética y económicamente, sistemas complejos de abastecimiento, contemplando series de demandas horarias, embalses superficiales y subterráneos con sus aportaciones, calidad del agua y curva de reservas útiles, pozos, manantiales, plantas de tratamiento y aportaciones externas, con su coste.

Cualquiera que haya sido el diseño de la captación de agua subterránea, en la fase de explotación también es posible optimizar energéticamente su funcionamiento. En esta fase, las disfunciones típicas son:

  • El bajo rendimiento de las instalaciones

  • El deficiente régimen de explotación

  • La inadecuación de la tarifa eléctrica

  • El erróneo diseño de la instalación en origen o progresivamente sobrevenido por disminución del rendimiento del pozo, descenso piezométrico por sequías o sobreexplotación, etc. 

Para el diagnóstico de la baja eficiencia y su origen y, especialmente, para el seguimiento de los parámetros de rendimiento y detección temprana de disfunciones, es necesario un sistema de monitorización  continua de los parámetros y de interpretación de los mismos, como puede ser el módulo de optimización energética, implantado dentro del Sistema Provincial de Tele gestión de Recursos Hídricos e Infraestructuras Hidráulicas, que permite el diagnóstico continuo del rendimiento de las instalaciones de captación, la  adecuación de su régimen de explotación a la tarifa contratada, el gasto y coste energético del agua elevada, la idoneidad de los parámetros que definen el funcionamiento hidráulico y eléctrico de la captación e impulsión, así como el origen de las posibles disfunciones.

Pantalla de cálculo de la eficiencia energética

 

No es frecuente la aplicación de la metodología propuesta para la optimización energética de las elevaciones de agua subterránea ni la utilización de aplicaciones informáticas como las citadas, porque hay escasez de Ingenieros con formación electromecánica e hidráulica que tengan, a su vez, formación hidrogeológica. Además, tampoco lo es el disponer de la información hidrológica necesaria para el diseño, como series de evolución piezométrica, menos aún de predicción, o curvas de reservas del acuífero; o sistemas de telegestión que contemplen aspectos hidrogeológicos, al menos en los municipios con gestión directa del servicio de aguas.

 

Ø Aspectos hidrogeológicos

La optimización de los bombeos de agua subterránea requiere, tanto en el diseño de las instalaciones como en la explotación, de una serie de datos que implican disponer de los siguientes conocimientos, herramientas, protocolos y sistemas:

  • Cartografía hidrogeológica con la delimitación y funcionamiento hidráulico de los acuíferos de la zona

  • Red de control piezométrico, con objeto de conocer la evolución intra y plurianual de la superficie piezométrica

  • Si intervienen manantiales, red de control hidrométrico, para conocer la evolución intra y plurianual del caudal

  • Modelación numérica del/los acuíferos/os concernidos, para generar las evoluciones piezométricas y, en su caso, hidrométricas, ante distintos escenarios de explotación

  • Curva de reservas útiles de la/s captación/es a optimizar

  • Croquis detallado de la captación, con definición del muro del/los tramos acuíferos y sus características; específicamente del nivel piezométrico límite

  • Ensayo de bombeo de la captación, con bombeos escalonados

  • Analítica de las aguas

  • Para una operación ágil de los diagnósticos energéticos, sistema de información hidrológica que integre los datos hidrológicos e hidráulicos, la cartografía hidrogeológica e infraestructura y el sistema de telegestión, conteniendo entre sus bases de datos actualizadas la de demandas de agua y las curvas características de las electrobombas de elevación.

Consecuentemente, se propone que el ahorro energético sea un factor más a considerar al analizar el retorno de la inversión en las herramientas de investigación, control y gestión de las aguas subterráneas y en las aplicaciones específicas de ayuda a la decisión.

 



nov./2020
EL USO DE DATOS DE SATÉLITE EN HIDROGEOLOGÍA: RETOS Y OPORTUNIDADES
Dra. Lucila Candela Lledó. Hidrogeóloga
 


Investigadora de IMDEA-Agua. Ha sido profesora de la UPC, gestora del P.N de I+D+i en Recursos Hídricos y ERANETs ‘Crue e Iwrm.net’ (MICON); Vocal del CNA- Ministerio de Medio Ambiente y vicepresidenta de la AIH-GE. Su participación internacional incluye entre otros: Miembro electo del External Advisory Group (C.E.), UNESCO-IAH, Universidad de Edimburgo (Escocia), Ministère de l’Environment (Francia) y ASEMWATER (China). Especialista en hidrología subterránea, con énfasis en recarga natural, transporte de contaminantes en aguas subterráneas y zona no saturada, (metales pesados, microcontaminantes emergentes, plaguicidas y nitratos). Ha publicado más de 100 artículos (incluye revistas indexadas de la especialidad), libros y capítulos de libros y dirigido tesis doctorales y de master. Ha organizado cursos, seminarios y congresos a nivel nacional e internacional, y ha participado como experta y conferenciante en numerosos paneles nacionales e internacionales. Los proyectos financiados como investigadora principal incluyen organismos nacionales (AECI, MICON) e internacionales (Diversos Programas Marco de investigación de la C.E, DGXII, UNESCO, GEF, Banco Mundial, OIEA), empresas y administración. Entre la financiación externa para estancias en el extranjero , destacar la financiación Fullbright obtenida.

 

Credits: NASA

Desde las primeras misiones de satélites con ‘Sensores Remotos’ incorporados para determinar la extensión de la capa nival o usos del suelo, los sensores han incorporado importantes cambios tecnológicos que permiten numerosas aplicaciones. Dado el gran número de satélites y sensores, la posibilidad de cubrir amplias áreas y la capacidad de resolución temporal y espacial, entre sus posibles usos se puede destacar el monitoreo de componentes del balance hidrológico.

La aplicación de esta técnica en estudios de recursos hídricos genera grandes expectativas al presentar numerosos parámetros hidro(geo)lógicos distribución espacial y variación temporal. Sin embargo, en estudios de aguas subterráneas todavía existen limitaciones derivadas de la escala utilizada y a que generalmente los sensores proporcionan medidas indirectas de las variables observadas y requieren de una posterior transformación en magnitudes de naturaleza hidrológica. Por ello, la disponibilidad de datos y parámetros directamente utilizables por un usuario suele estar limitada o circunscrita al uso de plataformas on-line de diversa accesibilidad. Junto a los factores anteriores también son importantes aquellos derivados de los sensores utilizados: calidad de los datos obtenidos y representatividad de las observaciones; resolución temporal y espacial, en muchos casos inadecuada para el fenómeno observado; donde y cuando se toman los datos por el sensor; continuidad de los registros debido a cambios de satélite y latencia o disponibilidad en tiempo real.

Las aplicaciones actuales de la información procedente de satélite se dirigen mayoritariamente a la obtención de series temporales meteorológicas, se debe destacar en algunos casos sobre estiman las observaciones; humedad del suelo mediante micro radar, limitada a los 5 cm superiores del suelo; o para estimar cambios del almacenamiento terrestre de agua basados en la gravedad de la Tierra (GRACE) o subsidencia (interferometría por radar, InSAR). Si bien las aplicaciones de GRACE para cálculo de los recursos subterráneos mediante balance global se han llevado a cabo en amplias regiones (Chad, Irak, entre otras), los estudios de subsidencia permiten una aplicación más localizada. Algunos estudios han permitido establecer la relación entre subsidencia y explotación de agua subterránea en cultivos como en el Valle Central de California, o cartografiar cambios del nivel del agua subterránea como resultado de la subsidencia producida por su explotación (Madrid, zonas del S y SE peninsular entre otras).

Se puede concluir que debido a su desarrollo actual y futuro las aplicaciones basadas en sensores remotos incorporados a satélites, constituyen una importante fuente de conocimiento en zonas con información hidrológica poco accesible o con limitaciones de monitoreo. Cuando se combinan con observaciones in situ, son técnicas potentes, relativamente baratas y accesibles para el monitoreo y gestión hidrológica y que presentan un futuro muy prometedor.

 


sept./2020
EL TRASVASE ENTRE PLANTAS DESALADORAS
Dr. Antonio Pulido Bosch. Catedrático. Vocal del Club del Agua Subterráneas
 


Licenciado y Doctor (1977) en Geología (Hidrogeología) de la U. de Granada. Actualmente es Profesor Colaborador Extraordinario en el Departamento de Geodinámica de la U. de Granada, tras su jubilación como Catedrático de Geodinámica en la U. de Almería (desde 1997). Autor o editor de 24 libros,  de unos 700 artículos científicos publicados en revistas y conferencias nacionales o internacionales. Director de 30 tesis de doctorado y más de 30 tesinas. Responsable de más de 30 proyectos competitivos y 100 contratos de investigación. Defensor Universitario de la Universidad de Almería durante 6 años. Ex presidente del Club de Agua Subterránea (CAS). Miembro Honorario de la Sociedad Polaca de Geología.

 

La ministra de Transición Ecológica anunció en su momento la pronta licitación del proyecto de interconexión de las plantas desaladoras gestionadas por ACUAMED en el área de influencia del trasvase Tajo-Segura. Para ello se utilizaría la red de canales de riego existentes, que llevarían el agua a las zonas con problemas de sobreexplotación de acuíferos.

Aunque la propuesta sobre el papel parece muy oportuna, desde el CAS queremos hacer algunas puntualizaciones.

  • Las plantas desaladoras de agua de mar tienen su principal ventaja en el hecho de que se pueden construir junto al sector de utilización y siempre junto al mar.

  • Que el coste de producción ha sido muy contestado por los agricultores por ser demasiado costoso para este uso.

  • Que la conexión indicada “a partir de los canales ya existentes” choca con el hecho de que la cota de partida es muy cercana a la del nivel del mar, por lo que es imposible ese tránsito sin los bombeos pertinentes, lo que supone un coste añadido. Si los canales que se indican estuvieran sin revestir, habría que contabilizar las fugas correspondientes.

Por todo ello, creemos imprescindible que se reconsidere la propuesta. Además, insistimos en la necesidad de optimizar los procesos con un énfasis especial en utilizar energías limpias tales como la solar y eólica.

Lógicamente, es imprescindible un estudio económico detallado de cada propuesta. No parece razonable que el agua desalada en Alicante se use en regadío en Almería o al revés. Por último, las propuestas deben respetar el medioambiente y la sostenibilidad.

 

   


julio/2020
LAS AGUAS RESIDUALES REGENERADAS Y LA RECARGA DE ACUÍFEROS.
Dr. Miquel Salgot de Marçay. Doctor en Farmacia por la Universidad de Barcelona. Catedrático de Edafología y Química Agrícola en Universidad de Barcelona.
 


Catedrático de Edafología y Química Agrícola en el Departamento de Biología, Sanidad y Medio Ambiente, Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación, Universidad de Barcelona. Académico numerario de la Real Academia de Farmacia de Cataluña. Su principal campo de trabajo desde 1975 ha sido la regeneración y reutilización de aguas residuales. Miembro del Instituto de Investigación del Agua de la UB (IdRA) y Miembro de Número de la Real Academia de Farmacia de Cataluña. Vicepresidente de Adecagua. Vicepresidente del Grupo de Trabajo de la IWA sobre Aguas y Aguas Residuales en Civilizaciones Antiguas.  Ha dirigido 13 tesis doctorales. Ha participado en 17 proyectos europeos de investigación, Erasmus y Erasmus + . Ha dirigido más de 60 convenios de investigación con empresas y administraciones. Autor de más de 120 publicaciones (artículos, capítulos de libro y libros). Sus líneas de investigación son el tratamiento avanzado y la reutilización de aguas residuales, restauración de canteras y gestión de recursos de agua no convencionales.

 

La aparición del Reglamento europeo sobre reutilización para riego agrícola de las aguas residuales regeneradas ha abierto un camino para que una práctica milenaria sea realizada de una forma más científica, a pesar de los esfuerzos de diferentes actores europeos para que esto no sucediera y después de una elaboración que como mínimo podría calificarse de poco afortunada técnicamente.

La voluntad inicial en la UE era que aparecieran conjuntamente las normas para riego agrícola y para recarga de acuíferos. A lo largo del proceso desapareció esta última aplicación, por razones poco claras, aunque se ha citado la dificultad de generar un documento técnicamente adecuado.

Observando uno de los primeros borradores que circularon incluyendo ambas posibilidades, se podía detectar que el documento era una adaptación relativamente poco afortunada de las actividades de recarga de agua regenerada en Australia y Estados Unidos.

En ambos casos, agricultura y recarga, se utilizó la experiencia de otros países olvidando los trabajos de investigación y las realizaciones europeas financiados por la misma Unión. En el campo de la recarga, uno de los ejemplos claros de lo indicado fue el proyecto Reclaim Water, en el que participaron numerosos centros de investigación y universidades de la Unión, conjuntamente con otros expertos mundiales.

No hay que olvidar que en España se cuenta con grandes expertos en la recarga con aguas regeneradas, que trabajan desde hace muchos años en ella y que son socios del CAS.

Después de esta aproximación “política”, podemos indicar que la recarga debería ser una de las prioridades de la reutilización en España, y que ya fue contemplada en el desafortunado RD 1620/2007 de reutilización. En efecto, la legislación española recoge dos posibilidades: la recarga directa y la indirecta, con distintas calidades de agua a recargar.

En España hay algunas realizaciones, como las dos más conocidas en Cataluña. Una de ellas estuvo recargando directamente en el acuífero, con un coste importante, agua de muy alta calidad para la prevención de la intrusión. Obviamente para el que conoce el país, con la anterior crisis se detuvo inmediatamente la recarga, aunque se haya “vendido” cono una maravilla.

En el segundo caso se recarga en superficie un acuífero costero que se saliniza cada verano. En este caso se ha importado tecnología alemana utilizada en ese país para otros modelos de recarga.

En cualquier caso, la recarga con agua regenerada está contribuyendo en muchos lugares del mundo a aumentar los recursos de agua disponibles, con costes bastante menores que los que supondría importar el agua desde lugares lejanos con grandes infraestructuras.

La tecnología y los conocimientos para la recarga existen en nuestro país, con grandes escuelas de hidrogeólogos, pero como siempre no hay profetas indígenas en nuestro país.

 

   


julio/2020
LOS HUMEDALES Y SU IMPORTANCIA EN LA BIOHIDRODIVERSIDAD. EL PAPEL DEL ORGANISMO AUTÓNOMO PARQUES NACIONALES (OAPN)
Juan Antonio López Geta. Dr. Ingeniero de Minas. Presidente del CAS
 


Dr. Ingeniero de Minas. Funcionario al Servicio del Estado. Diplomado en Hidrogeología por la UPM. Vocal del CNA del Agua en representación de las asociaciones de hidrogeólogos. Presidente del Club del Agua Subterránea (CAS) y del Grupo Especializado de Aguas de la Asociación Nacional de Ingenieros de Minas (GEA) y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Hidrogeólogos (AEH).

 

Es sabida la importancia de los humedales como soporte de nuestra biodiversidad, por ello, la protección de esos ecosistemas es esencial para su mantenimiento; en esa protección participan muchas instituciones, y entre ellas, especialmente el Organismo Autónoma Parque Nacionales (OAPN), del que se ha celebrado el pasado 23 de junio de 2020, el 25 aniversario de su creación (1995-2020); Organismo surgido de la unión del Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) y del Instituto para la Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA). Durante toda su existencia, ha sido dirigido por nueve directores, todos ellos muy interesados con los humedales, y en algunos casos, que recordemos, como Jesús Casas, Alberto Ruiz del Portal y Juan Garay, como directores de humedales tan emblemáticos como los Parques nacionales de Doñana o las Tablas de Daimiel.

A esa celebración, se une el Club del Agua Subterránea (CAS), reconociendo su magnífica labor en la conservación y gestión de la Red de Parques Nacionales (RPN), y perduramos, que hace más de tres años, el 2 de diciembre de 2016, el CAS reconocía sus méritos entregándole, en la Fundación Gómez Pardo (Madrid), el premio “Manantial” en su segunda edición; Premio que fue recogido por Basilio Rada Martínez, Director en esa fecha, acompañado de la Directora Adjunta Montserrat Fernández San Miguel.

Entrega del Premio Manantial al Director del OAPN

Con el Premio reconocíamos la excelente visión que la RPN nos ofrece de la biohidrodiversidad de nuestro país; a la vez que valorábamos el impulso dado en las últimas décadas en mejorar el conocimiento hidrogeológico de esos espacios naturales, como puede ser Doñana y las Tablas de Daimiel; pero también otros parques, donde podría pensarse que el agua no es importante, pero muy lejos de esta idea, vemos que en todos ellos el agua es importante: Monfragúe con el río Tajo como protagonista y su afluente Tiétar y sus valles; Agüestortes y Estany de San Maurici, con sus numerosos lagos, ríos o cascada que modelan el territorio; Ordesa y Monte Perdido con sus valles y circos glaciales y ríos y cascadas; Sierra Nevada con sus múltiples lagunas glaciales; Sierra de Guadarrama con el río Manzanares, o los Picos de Europa, mayor formación de calizas de la Europa Atlántica, modelado por el agua y el hielo, con ríos como el Sella. A esa gran labor, hay que sumar la de difusión; como la serie de Guías geológicas de los PN, realizadas en colaboración con el IGME, que dan una visión muy completa de la geología  de los parques, o la colaboración en determinados eventos con el CAS, como el celebrado en octubre de  2016, sobre el 45º Aniversario de los Humedales RAMSAR españoles, celebrada en Córdoba, cuyas ponencias pueden encontrarse en la Web del CAS (https://www.clubdelaguasubterranea.org/).

La Red de Parques Nacionales gestionada por el OAPN, la forman 15 Parques distribuidos: 9 por la España peninsular y 6 por las islas: Islas Atlánticas Gallegas, Archipiélago de Cabrera, Timanfaya, Caldera de Taburiente, Teide y Garajonay. En todos eso parques nacionales, el agua está presente en sus diferentes formas, como lluvia, nieve, niebla, rocío, etc., que es fundamental en su génesis, funcionamiento y modelado morfológico, con presencia de zonas de dunas, marismas, formas cársticas, terrenos y cráteres volcánicos, arroyos, manantiales, fuentes, todo ello fundamentales en el modelado del paisaje, y en el tipo de flora y fauna existente en ellos.

Como se ha indicado, en dos de ellos, como Las Tablas de Daimiel, que este año cumple 48 años de su creación, y Doñana, que el pasado año 2019, cumplía 50 años, las aguas subterráneas y los acuíferos juegan un papel fundamental en su génesis y conservación; ambos espacios forman parte de la lista del Convenio RAMSAR, y son reconocidos internacionalmente como zonas húmedas de gran interés, por su geología, hidrogeología y por su flora y fauna.

Esos dos Parques Nacionales se asientan sobre dos acuíferos muy importantes, conocidos históricamente como Sistemas acuíferos 23. Almonte-Marisma y 27. Mancha Occidental, según la clasificación establecida en el PIAS por IGME, en 1970; ambos con más de 2.500 km2 de superficie; el primero desarrollado en gravas, arenas y calcarenitas, formando acuíferos libres, semiconfinados y confinados bajo las marismas del Guadalquivir; y el segundo en calizas kársticas, conectado hidráulicamente con el río Guadiana, que una vez saturado es drenado a través de los famosos " Ojos de Guadiana", cuya salida natural, actualmente  se produce muy esporádicamente.

Izquierda “ojos del Guadiana” y a la derecha “Ojos en la marisma del Guadalquivir” (S.MM y C.Mediavilla)

A esa singularidad comentada en Las tablas, nos encontramos con otras en Doñana, como es el “Ecotono de la Vera", zona de contacto del acuífero libre con las marismas; espacio de espectacular belleza y los “lucios de las marismas”. En este entorno destacan los paisajes de cordones de dunas móviles y los cientos de pequeñas lagunas peridunares, acompañadas de otras mayores como el Sopetón, Acebuche o Santa Olalla. Destaca su flora con más de 900 especies, como el enebro marítimo, el alcornoque, el pino piñonero, el tomillo, la zarzamora, entre otras muchas, o su fauna con la presencia de peces de agua dulce, reptiles, ciervos, jabalíes, con especies singulares como el lince ibérico o el águila imperial, o la cerceta pardilla, con problemas de subsistencia, compartiendo su presencia con otras especies como flamencos, cigüeña negra, cigüeña, ansar, avetorillo, pequeña garza que utiliza los carrizos marismeños para sus nidos.

Izquierda  “Ecotono de la Vera” en Doñana; a la derecha, visita al cordón litoral de las
dunas de Doñana durante las Jornadas de humedales celebrado en Córdoba

Las Tablas, con una geología y morfología muy diferente a Doñana, es un humedal de 3.030 ha, que se origina por el desbordamiento de los ríos Guadiana y Gigüela, en su tramo medio, y las salidas subterráneas del sistema acuífero 23, favorecido por la escasez de pendiente en el terreno. Es uno de los últimos representantes de un ecosistema denominado “Tablas fluviales”; con su declaración como Parque Nacional se avanzó en la conservación de uno de los ecosistemas más valiosos de nuestro planeta, asegurando así, la supervivencia de la avifauna que utiliza estas zonas como área de invernada, mancada y nidificación, de patos: azulón, ánades de Friso, Focha Común, gallineta del agua, aguilucho gallinero y una fauna que va desde bosque Mediterráneo vegetación propia de río, pasando por saladares, bosque de Ribera, masegares, tarayais, carrizales, y praderas de algas, algas acuáticas "ovas",

Los problemas en estos espacios naturales han sido muy similares. Ambientalmente se han visto sometidas a una presión importante debido a la explotación de las aguas subterráneas de los acuíferos que los soportan, con un input escasamente planificado y carente de una adecuada gobernanza, lo que ha originado un descenso de los niveles piezométicos, afectando a su entorno y contribuyendo a la desaparición temporal de la zona inundada de Las Tablas de Daimiel o a afección de algunas lagunas en la zona de dunas de Doñana, además de una contaminación de las aguas subterráneas de esos acuíferos. Social y económicamente las consecuencias son muy parecidas, por un lado, un incremento de las tierras de cultivo y de mano de obra; y por otro, un aumento de la producción, aunque con un mayor rendimiento económico en la zona próxima a Doñana con la producción de los denominados “frutos rojos”.

Ante esto, la polémica social y científica, surge al valorar los beneficios sociales, frente a las consecuencias ambientales que se originan; pero este debate, administrativamente no está cerrado, dada su dificultad legislativa y escasa y problemática gobernanza; pero es una situación que requiere resolverse de forma razonada y  equilibrada, dando el peso adecuado a los parámetros, ambientales y socioeconómico; para ello deben establecerse unos medidas de ponderación que respeten los aspectos socioeconómico en su correcto proporción, y unos valores ambientales, con un peso suficiente que permita mantener ambos espacios en su integridad como humedales de referencia y emblemáticos a nivel internacional.

 

   

junio/2020
EL SORPASSO MEDIOAMBIENTAL
Fermín Vallarroya Gil. Dr. en Ciencias Geológicas


Dr. en Ciencias Geológicas, Profesor Titular de Hidrogeología y Geología Ambiental en la UCM (actualmente jubilado). Diplomado en Hidrogeología (IV curso de Hidrogeología Aplicada ETSIM (UPM) y 8ª edición del CIHS). Fue presidente del Grupo Español de la AIH (1988-1994). Ha organizado numerosos Congresos y Simposios, entre los que destaca el XXXI Congreso Internacional de la AIH de 1991. Secretario y Director del Dpto. de Geodinámica de la UCM (1998-2002). Ha dirigido 11 tesis doctorales y 35 DEAS, tesinas y trabajos fin de máster. Liderado una quincena de proyectos de investigación habiendo formado parte en 3 proyectos europeos siendo el investigador principal en uno de ellos. Ha publicado 215 artículos en revistas y congresos tanto nacionales como internacionales. Ha sido consultor del Ministerio para la adjudicación de becas y proyectos y es revisor de varias revistas científicas. Ha formado parte del Comité Científico de diversos Congresos internacionales. Su principal actividad investigadora se centró en hidrogeología y medio ambiente, evaluación de recursos hídricos subterráneos y en temas de gestión sustentable del agua. Colaboró en proyectos de cooperación al desarrollo en Haití, México, Marruecos, Nicaragua, Etiopía y Sahara Occidental. Investigador principal de proyectos de Art. 83 con la FMB y Repsol desde el año 2010. Exdirector y Fundador del Grupo de Investigación HidroYmab (Hidrogeología y Medio Ambiente) de la C. Madrid y UCM grupo homologado nº 910428. Asesor del Observatorio del Agua de la FMB.
Premio a la "Trayectoria profesional en hidrogeología y sus aplicaciones en España" concedido por la AIH-GE.

Este punto de vista es un “infiltrado” puesto que no se refiere al agua si no al medioambiente en general. El hombre, con su capacidad técnica, ha rebasado el poder erosivo de transporte y sedimentación de los ríos, glaciares y el viento, en la parte emergida de la Tierra desprovista de hielo: 30.400 Mt frente a los 24.500 Mt de los procesos naturales. El nuevo sistema sedimentario; canteras-autopistas-ciudades ha desplazado al natural; cuenca de drenaje, canales fluviales, deltas. Las cuencas sedimentarias ya no son los deltas y otros sistemas sino las ciudades que crecen en contra de la gravedad acumulando materiales arrancados a la naturaleza.

El presupuesto ecológico anual (es decir el crédito anual que nos da la naturaleza para que los humanos desarrollemos nuestra actividad), es más corto cada vez. Se ha acuñado el término “día de la sobrecapacidad de la Tierra” para señalar el día de cada año en que se agota dicho presupuesto. En el año 2019 se agotó a finales de julio. Por lo tanto, durante los cinco meses restantes si siguen funcionando las actividades humanas es mediante el uso de reservas de “solo una vez” o bien sobreexplotando los recursos.

Más del 53% de la superficie del planeta estaría ya afectada por la acción humana. El grado de pérdida de suelo útil para la agricultura es insostenible: del orden de 15.000 km2 al año. El agotamiento de recursos está produciendo un grave problema: el acaparamiento de tierras (land grabbing). Países como China, India, Estados Unidos y los del Oriente Medio, entre otros, están adquiriendo grandes extensiones de terrenos en África y Latinoamérica, desplazando a las comunidades autóctonas. Esta avidez busca no solo la tierra en sí, sino también climas donde el “agua verde” asegure la producción de cosechas, tanto para alimentación como para producción de biocombustibles.

De los factores ambientales, es el agua sin duda uno de los principales. Una gestión sostenible de este preciado recurso implica atender tanto a su cantidad o mera existencia como a su calidad para diferentes usos. La Directiva Marco del Agua de la Unión Europea marca el estilo de cómo se debería gestionar un recurso de forma sostenible. El enfoque aplicado al agua en esta Directiva sería un buen ejemplo para otros recursos (silvicultura, pesca, minería, etc.). En efecto, los 54 considerandos que preceden al articulado de la Directiva son un canto a la gestión sostenible.

Esos considerandos abogan por una gestión por cuencas, manteniendo la unicidad del ciclo del agua, con visión preventiva y cautelosa, con moderación. Continúa: poniendo en valor la participación ciudadana, la trasparencia informativa, la subsidiariedad. Afirma la reparación de daños ambientales, la internalización de los costes ambientales… toda una serie de valores para hacer un buen uso de un recurso que podría ser extensible como decía antes, a cualquier otro recurso. Pero este sorpasso no es un juego de palabras. La humanidad ya está avisada de que se han rebasado ampliamente los niveles admitidos de capacidad de carga.

Para revertir el rumbo tomado por la Tierra, se propugna la reducción drástica de las demandas de energía y bienes de consumo, la eficiencia en la cadena de distribución y consumo de alimentos (se pierde cada año un tercio). La educación ciudadana, el empoderamiento de la mujer, y un decrecimiento o austeridad voluntaria (sobre todo en los países más desarrollados), se hacen necesarios. La economía circular es de urgente aplicación. Sin un cambio drástico de posicionamiento por parte de la humanidad, se producirá un sorpasso irreversible. Ya no se trata de un capítulo más de la tragedia de “los comunes” de Hardin, donde el dilema es cómo hacer para que muchos individuos que actúan buscando su interés, en principio racionalmente, no acaben destruyendo el patrimonio común y limitado; ahora se trata de que “el común” es el planeta Tierra, y salvarlo implica a los más de 7.700 millones de habitantes humanos. Hay que cambiar el paradigma de “usar y tirar” por otro nuevo que suponga la moderación, la economía circular, y el “decrecimiento”. De todos depende que se evite el descarrilamiento de este vagón llamado Tierra. Solo con la participación ciudadana se podrán tomar decisiones de lo que es socialmente deseable, económicamente viable, técnica y ambientalmente sostenible, legalmente posible y políticamente realizable. El confinamiento actual nos ha hecho pensar y ojalá salga una humanidad reforzada en solidaridad para la generación presente y futura.

 

   

mayo/2020
La periodista Inmaculada G. Maldones entrevista a...
UN SISTEMA HÍBRIDO GEOTERMIA-SOLAR REDUCIRÍA DRÁSTICAMENTE LOS COSTES ENERGÉTICOS DE LAS DESALADORAS EN ESPAÑA Y EVITARÍA ANUALMENTE LA EMISIÓN DE 510 MILLONES DE TONELADAS DE CO2.
Inmaculada G. Maldones. Periodista y Licenciada en Ciencias Políticas


Fundadora y editora del portal Geotermiaonline.com dedicado a la divulgación y el aprovechamiento de la geotermia como recurso energético renovable, siempre disponible, en cualquier emplazamiento, las 8.760 horas del año. Colabora con el grupo de Hidrocarburos del Comité de Energía y Recursos Naturales del Instituto de la Ingeniería de España (IIE). Como socia directora de Mardones Comunicación colaboró con la Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos (ACIEP), Grupo Frial y la Confederación Hidrográfica del Tajo. Directora de Comunicación del Ministerio de Fomento 2004-2005. Ha trabajado en EL PAÍS (1984-2011) donde ha desempeñado varias jefaturas de Sección (Sociedad, Medios y TV, Negocios) y la dirección del semanal inmobiliario Propiedades. En El PAÍS ejerció durante varios años la cobertura de informaciones relacionadas con el Medio Ambiente, Infraestructuras, Agua (Sequía, Plan Hidrológica Nacional) y Energías Renovables. Es Premio Nacional de Energías Renovables por Enerclub. Con anterioridad ejerció el periodismo en Gaceta Ilustrada, Radio Exterior de España y como guionista en el programa de debate Fin de siglo (TVE-2).

Con una capacidad de desalación que coloca a España en el quinto país del mundo, el proceso de convertir agua marina o salobre en el litoral Mediterráneo español, no ha conseguido a fecha de hoy la pretensión que inspiró el programa ACUA; el plan alternativo del primer gobierno de Zapatero al suspender el trasvase del río Ebro al litoral Mediterráneo y sustituirlo por desaladoras.

Ninguna de las 16 grandes plantas desde Castellón hasta el Estrecho está dotadas de energía renovable de apoyo para su funcionamiento. Se trata de grandes instalaciones (excluida la de Abrera en el Llobregat que abastece al área metropolitana de Barcelona) con una capacidad de desalar 344,68 hectómetros cúbicos anuales con una inversión promedio de 68,7 millones de euros cada una. Sus costes energéticos para su funcionamiento representan el 52% y un 36% de los costes totales, aunque ninguna haya llegado a funcionar por encima del 50% de su capacidad media a lo largo del año. La desalación sale muy cara.

La mayoría de los agricultores de cultivos necesitados de agua no salobre en el litoral Mediterráneo apenas usan esa agua desalada porque, según afirman, su precio les resulta excesivamente elevado. En bastantes casos recurren a montar mini desaladoras clandestinas para salir del paso, sin acompañarlas de sistemas de tratamiento para la salmuera que generan como subproducto y acaba vertida sin control a espacios colindantes.

Con este escenario, la ingeniera industrial por la universidad Carlos III de Madrid, Elisabet Palomo (Madrid, 1976) muy interesada por las energías renovables planteó a la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) realizar una tesis doctoral, enfocada a resolver el enigma de cómo aplicar energías renovables al funcionamiento de estas costosas instalaciones, de manera que el agua desalada producida redujera notablemente sus costes. Sobre todo, para su uso en regadíos.

 

Aunque trabaja en una multinacional de productos para la construcción y energías renovables, Palomo lleva desde 2017 dedicando sus horas libres a la tesis que espera concluir el próximo año. “Siempre me han gustado las energías renovables y la geotermia en concreto me parecía sorprendente y muy desconocida en España. Vi que la UNED ofertaba una línea de investigación sobre energías renovables, hablé con ellos, les comenté que quería hacer mi tesis sobre geotermia y me dijeron que adelante”.

La apoyan en este trabajo los profesores Antonio Colmenar-Santos, Francisco Mur-Pérez y Enrique Rosales-Asensio, con los que ha publicado ya dos artículos. El primero  Measures to remove geothermal energy barriers in the European Union sobre las barreras que impiden el desarrollo de la geotermia en Europa; un tercero sobre el potencial geotérmico de la industria española, con el que espera dar por concluida su tesis en 2021 y el segundo,  Thermal desalination potential with parabolic trough collectors and geothermal energy in the Spanish southeast, publicado en el último número de la revista Applied Energy. En este último es donde desarrolla un modelo de desaladora híbrida (termo-solar-geotérmica) escalable en Níjar (Almería) de 1.087,5 kw para la generación permanente de 9.000 metros cúbicos de agua potable al día, el consumo de unas 20.000 personas, una población como la de la vecina Huércal. El objetivo sería trasladar y aplicar su investigación a las desaladoras situadas en las 22 áreas potenciales del litoral español desde el Estrecho hasta Gerona.

 

Para ello, se ha basado en las horas de insolación de esa franja territorial, de la que existe sobrada información tanto en las comunidades autónomas, como de la Plataforma Solar de Almería donde se han gestado la mayoría de las tecnologías termosolares y fotovoltaicas instaladas en el mundo. Por otro lado, existe información detallada disponible sobre exploraciones de hidrocarburos y geotérmicas acometidas en la zona de Níjar por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME). 

A partir de las observaciones de ambos análisis y sus potenciales combinaciones, la investigadora concluye que con un pequeño despliegue de: “colectores cilindro parabólicos (PTC) sobre un área de 3.375 metros cuadrados y un pozo de geotermia a 490 metros de profundidad, donde el agua alcanza los 41,8 ºC, se podría alimentar térmicamente una planta de desalación Multiefecto (MED) durante el 76% del tiempo operativo anual. Y si profundizamos más hasta los 790 metros, donde la temperatura del agua alcanza los 70ºC se conseguiría suministrar el 100% de la energía requerida por la planta.” 

Al situar su planta en el paradigma actual de la transición energética hacia la descarbonización y la sustitución de los combustibles fósiles por energías renovables, extrapola su propuesta al conjunto de las 16 desaladoras del programa AGUA cuyo coste energético resulta gravoso. “Se evitaría la emisión anual de más de 510,4 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera y los costes operativos se amortizarían en poco más de seis años".  Su planteamiento es optimizar las desaladoras operativas y reducir drásticamente los costes operativos de las plantas existentes. Esa extrapolación no presenta obstáculos, dado que el desarrollo de los colectores cilindro parabólicos están suficientemente maduros y testados en España, aunque en mucha menor proporción que el otro tipo de captadores de la irradiación solar como los paneles fotovoltaicos diseñados para generar electricidad. "Nuestro modelo no funciona con electricidad. Desalamos con un recurso térmico a 70º C", añade Palomo.

La investigadora sostiene que los colectores por sí solos aportarían el 8% de las necesidades energéticas de la desaladora. Hibridados con la geotermia, incluso en momentos que superaran los 180º C en picos de exceso de irradiación, bombas geotérmicas de calor de doble efecto desviarían hacia los pozos geotérmicos ese excedente térmico, ya que el rango de temperatura requerida para el proceso de desalación se sitúa en torno de los 70º C.

En cuanto al sistema de desalación elegido para su modelo de planta (la gran mayoría de las existentes utilizan membranas de ósmosis inversa) considera que la desalación por destilación multiefecto, conocida como MED es la idónea por su bajo coste equivalente y la mejor calidad del agua producida. Es destilada, casi pura y no contiene sustancias como la desalada por ósmosis inversa que requiere tratamiento depurativo antes de enchufarla a la red de abastecimiento. Esta alternativa tiene la ventaja de que es escalable al poder añadir módulos de destilación si crece la demanda.

"Por lo tanto, deseamos que este estudio sirva como referencia en otras áreas con condiciones climáticas y geotérmicas similares. Se podrían proponer estudios futuros en diferentes áreas geográficas costeras (insulares o peninsulares) donde es necesario desalinizar debido a la escasez de agua potable y / o riego y con otros perfiles de radiación solar y recursos geotérmicos". Elisabet Palomo recuerda que el potencial geotérmico de España alcanza los 610 GWt. No se trata de ponerlos todos en valor, porque para su modelo no hace falta recurrir a grandes perforaciones como exigen las plantas geotérmicas de generación eléctrica o de calor para calefacción de distrito. Cada territorio reúne condiciones geotérmicas singulares.

Aun así, concluye que "España dispone de suficiente recurso solar y geotermia de baja temperatura en buena parte de la geografía, por lo que la hibridación de ambos es ideal para el uso en desaladoras térmicas tipo

   

abril/2020
¡AGUA SUBTERRÁNEA: “todos somos contingentes, pero tú eres necesaria”!
Esther Sánchez Sánchez. Licenciada en Ciencias Geológicas, Hidrogeóloga. Vocal del Club del Agua Subterránea (CAS)


Licenciada en Ciencias Geológicas y Especialista en Hidrogeología por la UCM; obtuvo el Reconocimiento de Suficiencia Investigadora por la UCM en 1995.

Lleva más de 25 años de ejercicio profesional en hidrogeología y explotación de aguas subterráneas, colaborando en distintos estudios y proyectos hidrogeológicos en distintas zonas de España, en el seguimiento y control en la construcción de sondeos profundos de captación de aguas subterráneas y en la explotación del recurso para abastecimiento urbano. En los últimos 19 años ha desarrollado su labor profesional en la operación de aguas subterráneas para el abastecimiento urbano de la Comunidad de Madrid en sequías y contingencias del sistema. En la actualidad ocupa el puesto de Coordinadora de Explotación de Aguas Subterráneas en Canal de Isabel II. Ocupa el cargo de Secretaria de la Asociación internacional de Hidrogeólogos, Grupo español (AIH- GE) y es integrante de la Junta Directiva del Club del Agua Subterránea (CAS)

 

Desde la ventana de mi obligado confinamiento por la pandemia de Covid-19 dispongo de numerosos canales profesionales en los que participo diariamente en reuniones y conversaciones de opiniones diversas y por los que veo pasar una gran abundancia de imágenes, documentos técnicos, nuevas normas legales que cambian de un día para otro modificando la anterior, con todo lo que ello conlleva, propuestas de planes de trabajo de servicios mínimos, la dificultad que genera la falta de repuestos, suministros y reactivos, el reto del mantenimiento en situaciones adversas, el establecimiento de calendarios de turnos impregnados de miedo al contagio, el papel de los equipos de reserva, las necesidades de los trabajadores y un sinfín de innumerables etcéteras. Son días agotadores… pero el agua tiene que seguir llegando a los hogares en las condiciones adecuadas y… ¡LLEGA!

Afortunadamente la mayoría de nuestros sistemas son robustos y esta amenaza no ha sido lo suficientemente severa como para reducir de forma considerable su solidez. No obstante, no todos los sistemas presentan la misma robustez y algunos podrían estar en riesgo de cumplir con su función.

Gestionar con éxito las contingencias y evitar que estas desemboquen en crisis, requiere la disponibilidad de planes de contingencia establecidos previamente y también la obligatoriedad de su actualización y validación mediante simulacros para garantizar su efectividad. Dichos planes han de ayudarnos a NO IMPROVISAR y poder determinar las medidas y actuaciones que debemos adoptar para cumplir el cometido y reducir los daños en una eventualidad importante.

En estos contextos de crisis o situaciones extremas es donde, una vez más, tienen un papel clave las aguas subterráneas. Ya constituyen un elemento esencial en cualquier proceso de planificación hidrológica, contribuyendo a mitigar o incluso evitar los impactos al recurso hídrico y al medio ambiente. A modo de ejemplo podemos citar que en el reciente Esquema Provisional de Temas Importantes de la parte española de la Demarcación Hidrográfica del Tajo (Enero 2020) las aguas subterráneas están integradas directa o tangencialmente en más del 45% de los temas considerados. Otro ejemplo importante de planificación que puede englobar a las aguas subterráneas son los Planes Especiales de Sequías que permiten hacer una gestión ordenada de este fenómeno mediante la gestión del riesgo, reduciendo los efectos causados por las peores sequías y evitando entrar en situaciones de crisis. Por tanto, es una realidad que es nuestro país frente a muchas amenazas climáticas y medioambientales, las aguas subterráneas tienen la llave total o parcial de la solución.

La inclusión de las aguas subterráneas en los procesos de planificación hídrica, ciertamente cada vez con mayor contenido, es necesario pero NO ES SUFICIENTE para extraer de este recurso el 100% de su potencial ante un amplio abanico de posibles eventualidades.

Una simplificación de cualquier sistema de operación podría responder al siguiente esquema: “SISTEMA DE OPERACIÓN = recursos hídricos + recursos energéticos + recursos materiales + recursos humanos (operadores) + conjunto de infraestructuras + usuarios + entorno /medio ambiente“. Así, cualquier amenaza que pueda afectar de forma importante a cualquiera de estos elementos, puede contribuir a la generación de una crisis si no se gestiona para la contingencia. Por eso son tan importantes los planes de contingencias de infraestructuras, que permiten asegurar el suministro en condiciones no habituales. En este contexto, tienen especial importancia las infraestructuras estratégicas que se han diseñado para ser utilizadas exclusivamente en situaciones adversas; tal es el caso de muchas infraestructuras de captación, tratamiento y/o distribución de aguas subterráneas, que se han construido como elementos de choque contra sequías o situaciones de escasez o como elementos a integrar en sistemas de usos combinados, aumentando su capacidad de afrontar situaciones críticas.

Además, las aguas subterráneas, al estar más protegidas frente a contaminación por agentes patógenos, ofrecen un mayor abanico de posibilidades ante pandemias que afecten a la calidad del agua y contribuir una vez más a la resolución de problemas críticos. Esta pandemia representa una amenaza a uno de los elementos clave del sistema, hasta ahora no contemplado: el recurso humano. En este contexto de afecciones a la salud, las posibles restricciones en las plantillas de operación que pudieran causar la inoperatividad de algunas instalaciones clave, pueden ser sustituidas por elementos estratégicos del sistema de aguas subterráneas, lo que aumentaría la resiliencia del conjunto.

He intentado en estas líneas mostrar que las aguas subterráneas ofrecen una gran versatilidad para dar seguridad a los sistemas de operación, jugando un papel fundamental en las amenazas de sequía, escasez, averías de las infraestructuras, fallos del sistema, riesgos medioambientales e incluso pandemias. De ahí el subtítulo de este punto de vista, inspirado en una de las frases míticas de la genial película de J.L Cuerda “Amanece que no es poco” (1989) -…: “¡Agua subterránea: todos somos contingentes, pero tú eres necesaria”!

 

   

abril/2020

CORONAVIRUS, CAMBIO CLIMÁTICO Y AGUAS SUBTERRÁNEAS
Lorena Bermejo Santos. Licenciada en Ciencias Ambientales.


Licenciada en Ciencias Ambientales (Universidad de Alcalá de Henares, 2007) y Postgrado en Hidrología Subterránea (FCIHS) en la Universidad Politécnica de Cataluña (2009). Especialista en Sistemas de Información Geográfica aplicado a la geología, hidrogeología y Minería (2015). Desde 2006 desarrolla labores de hidrogeóloga en Compañía General de Ingeniería y Sondeos (CGS) y desde 2014 en Compañía General de Soporte a la Ingeniería (CGSi), llevando a cabo distintos proyectos para las diversas Confederaciones Hidrográficas.

 

Escribir un Punto de Vista este mes de abril de 2020 y no hablar sobre la crisis del coronavirus sería como estar fuera de nuestro Planeta. Recapitulemos…

Muchos científicos coinciden en que la extinción masiva que se produjo en el Cretácico, la conocida extinción de los dinosaurios, no se produjo como se ve en las películas de Hollywood en un instante concreto al impactar un asteroide. La vida a escala planetaria no se tambalea por un solo impacto. Las erupciones volcánicas que se llevaban produciendo desde hacía cientos de miles de años, generadoras de grandes cantidades de metano, dióxido de carbono y dióxido de azufre, fueron cambiando el clima y las condiciones atmosféricas de la Tierra preparando así el terreno para la extinción del Cretácico.

El cambio climático que se está produciendo como consecuencia de la actividad del hombre (traducido en aumento de la concentración de CO2 y incremento paulatino de la temperatura) preocupa a los expertos debido a la escala temporal a la que se está produciendo, es decir, a la rapidez con la que está ocurriendo. Ya no hablamos de cientos de miles de años como en la extinción del Cretácico sino de poco más de 180 años, desde la Revolución Industrial hasta nuestros días (que a escala geológica suena como una cifra algo ridícula).

Y en esta vorágine de cambio climático, que tanto nos preocupaba en los últimos tiempos, y de buenas intenciones plasmadas en la Agenda 2030 a través de unos ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) muy ambiciosos, surge un ente microscópico que nos hace tambalear a todo el Planeta. El coronavirus ha paralizado toda la actividad del Planeta, con la consecuente paralización de la economía, pero que sin embargo desde el punto de vista medioambiental nos ofrece un escenario de bajas emisiones de CO2 a la atmósfera. Desde el cielo, el satélite Sentinel-5 de la Agencia Espacial Europea ha detectado una sorprendente reducción del dióxido de carbono en el aire de China e Italia, primeros países donde se limitó al máximo el movimiento de la población. Los expertos sin embargo advierten de que el descenso en los niveles de contaminación será temporal y, a largo plazo, el impacto medioambiental dependerá de cómo cada país actúa para recuperar su actividad económica. Esperemos que realmente la crisis del coronavirus nos sirva para cambiar el modelo productivo y mitigar la tendencia que se estaba produciendo en el clima en la que el ser humano estaba orquestando su propia extinción.

Y dentro de este contexto, ¿en qué medida se están teniendo en cuenta las aguas subterráneas en los estudios de cambio climático? El pasado mes de enero el Consejo de Ministros aprobó el acuerdo de Declaración ante la Emergencia Climática y Ambiental en España, en el que se comprometía a adoptar 30 líneas de acción prioritarias en un contexto de grandes riesgos económicos y sociales por los impactos del cambio climático. Entre sus líneas prioritarias de actuación la 8ª expone: “Integrar los recursos naturales y la biodiversidad en la contabilidad nacional y la generación y actualización periódica de escenarios climáticos e hídricos para asegurar el buen uso y preservación de los recursos y la consistencia de las políticas regulatorias”. Dentro de estos escenarios hídricos, ¿qué papel van a jugar las aguas subterráneas? ¿Se les va a dar la importancia y sitio que merecen tener? ¿Se van a dedicar esfuerzos en ampliar el conocimiento que existe sobre las mismas?

En los distintos Planes Hidrológicos de Cuenca se hace una evaluación del efecto del cambio climático sobre los recursos basada en distintos estudios del CEDEX, para los escenarios de emisiones A2 (no adopción de medidas para reducir las emisiones de gases causantes de efecto invernadero) y B2 (que incorporan medidas de reducción) del IPCC y las proyecciones climáticas establecidas por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). En estos estudios se concluye que según las previsiones del cambio climático realizadas hasta la fecha en España, el impacto sobre el agua es de carácter negativo: reducción de los recursos hídricos y aumento de la magnitud y frecuencia de fenómenos extremos como inundaciones y sequías.

Así, para las distintas Demarcaciones Hidrográficas los resultados de este informe evalúan una reducción media de las aportaciones del orden del 5% para el Miño-Sil y Ebro, pasando por un 6-8 % para el Guadalquivir, 7 % para el Tajo y hasta un 11 % en las Cuencas del Cantábrico Occidental y Oriental y Segura para el horizonte 2033, entre otras. Como cabe suponer, esta reducción en las aportaciones supondrá una menor infiltración y por tanto una disminución paulatina y progresiva de las reservas de agua subterránea, si no se lleva a cabo a su vez una gestión sostenible de las mismas.

Concretamente se sabe que los efectos del cambio climático actual en las aguas subterráneas de la mayoría de las regiones del mundo se manifestarán en el transcurso de los próximos 100 años, según el Centro Leibniz para la Investigación Marina Tropical (ZMT) en Bremen, Alemania. Por este motivo, no hay que olvidarse de las aguas subterráneas en los escenarios hídricos que se planteen, para lo cual es necesario mejorar el conocimiento de mismas que, en grandes líneas, pasa por definir los límites y la geometría de los acuíferos, además de caracterizar su funcionamiento hidrogeológico, así como sus características químicas. También hay que asegurar la mencionada gestión sostenible de las mismas (teniendo en cuenta además que el agua subterránea, dada su capacidad de regulación natural, puede ayudar a mitigar los efectos del cambio climático, especialmente en épocas de sequía).

Por tanto, sólo espero que la crisis del coronavirus pase cuanto antes y que su paso, que está dejando miles de vidas por el camino, al menos nos sirva para, desde el punto de vista medioambiental, mejorar la calidad del aire que respiramos. Sin embargo, me temo que en cuanto pase querremos reactivar la economía con tal ímpetu que como siempre el medio ambiente vuelva a ocupar un segundo lugar y nuevamente, como ya sucedió en la reciente crisis económica que ha pasado España, se recorte de las mismas materias como sucedió con el Área de Recursos Subterráneos del Ministerio que desapareció y tal y como se lleva reclamando por parte de distintas agrupaciones de profesionales, como lo es el CAS, la necesidad de más técnicos hidrogeólogos en la Administración.

   

marzo/2020

ILUSIÓN Y REALIDAD DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS
Juan Antonio López Geta. Dr. Ingeniero de Minas. Hidrogeólogo.


Dr. Ingeniero de Minas. Funcionario al Servicio del Estado. Diplomado en Hidrogeología por la UPM. Vocal del CNA del Agua en representación de las asociaciones de hidrogeólogos. Presidente del Club del Agua Subterránea (CAS) y del Grupo Especializado de Aguas de la Asociación Nacional de Ingenieros de Minas (GEA)y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Hidrogeólogos (AEH).

Han pasado varias décadas, cuando muchos nos ilusionamos por el proceloso mundo de las aguas subterráneas. Por mi parte, de la mano de José María Gálvez-Cañero Menéndez-Pidal, entusiasta de la ciencia hidrogeológica y del papel que le correspondía al IGME en esta disciplina. Para él, “todo lo debía hacer el Instituto”. Este empeño le llevaba a “pelearse” con el ministro o ministra de turno, o con el DG de Obras Hidráulicas. A pesar de su denodado esfuerzo y de su entonces fácil acceso a políticos y poderes mediáticos, no siempre conseguía entrevistarse con ellos. Últimamente no tengo noticias suyas, pero seguro que seguirá en esa batalla perdida. Digo perdida, porque muy poco se ha avanzado desde los años 70 del pasado siglo, en lo que respecta a su incorporación plena y efectiva en la PH española.

El reconocimiento de la importancia de las aguas subterráneas ha progresado lentamente en las instituciones. Son las grandes olvidadas puesto que, para mí y para otros muchos, no han estado ni están consideradas debidamente en función de su relevancia socioeconómica y ambiental (DOÑANA, Tablas de Daimiel, Fuente Piedra, Albuferas entre otras), y como parte fundamental del ciclo hídrico. Los pocos avances que se han logrado se deben más bien a la insistencia de los colectivos implicados en el estudio y difusión de esta ciencia, pero con escaso éxito mediático.

La Ley de Aguas de 1985, que consideraba el ciclo único del agua y su dominio público, con sus excepciones, abría nuevas esperanzas para las aguas subterráneas. Parecía que, por fin, se iba a conseguir aquello por lo que se venía batallando desde hace años: la integración plena de las aguas subterráneas en la Planificación hidrológica. La realidad, sin embargo, ha ido lamentablemente por otros derroteros. Así, la presencia de hidrogeólogos en la Administración hidráulica es testimonial, una veintena para una superficie superior a los 400.000 km2 que ocupan las masas de aguas subterráneas intercomunitarias; los presupuestos económicos para actuaciones relacionadas con las aguas subterráneas distan enormemente de lo que deberían ser; y que solo oigamos, con un repetido martilleo, en los medios de comunicación y en la administración hídrica, que los acuíferos están sobreexplotados o contaminados. Estos hidromitos confunden a la opinión pública y ofrecen una imagen distorsionada de las aguas subterráneas.

Decía Churchill que: “el pesimista ve la dificultad en cada oportunidad y el optimista ve la oportunidad en cada dificultad” (ABC agosto 2019). Nunca he sido pesimista; quizá demasiado optimista. Compartiendo la expresión clásica del filósofo griego “in medio virtus”, espero que la incorporación actual de gente joven en la Administración hidráulica, preparada y con conocimientos hidrogeológicos, sea el motor para alcanzar una buena gestión de las aguas subterráneas; que los Presupuestos Generales del Estado reflejen las partidas oportunas para avanzar en el conocimiento hidrogeológico de nuestros acuíferos, y así definir el estado cuantitativo y químico de sus aguas, y el papel que pueden jugar en la sostenibilidad de los ecosistemas acuáticos y en el abastecimiento de nuestra población y en el regadío; es decir, para alcanzar nuestro bienestar socioeconómico y ambiental. Con la confianza puesta en el futuro, en pocos años todo eso será una realidad y se conseguirá alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) contemplados en el marco de la Agenda 2030. Eso sí, adaptada a las nuevas tecnologías como Big Data, Internet de las Cosas (IoT), Realidad Aumentada e Inteligencia Artificial, entre otros avances.

Mi máximo agradecimiento al Dr. Juan María Fornés Azcoiti, por su colaboración en la revisión del texto original.

   

feb./2020

MIENTRAS HAYA AGUA, POCO IMPORTA
Iñaki Vadillo Pérez, Licenciado en Geología, Doctor en Ciencias Químicas. Profesor Titular en el Departamento de Ecología y Geología de la Universidad de Málaga. Vocal de la Junta Directiva del CAS


Profesor Titular de Universidad. Acumula más de dos décadas de experiencia como investigador y docente en el campo de las aguas subterráneas. En este periodo ha desarrollado su actividad en la investigación de procesos de alteración de la calidad química de las aguas y de atenuación natural de contaminantes, fruto de la cual ha publicado más de 200 aportaciones científicas entre libros, artículos, capítulos de libro y contribuciones a congresos. Ha formado parte de comités nacionales e internacionales, organización de cursos y congresos nacionales e internacionales. Es miembro de la Asociación Internacional de Hidrogeólogos-Grupo Español (IAH-GE), de la Sociedad Geológica de España (SGE), del Ilustre Colegio de Geólogos de Andalucía (ICOGA), de la Asociación Internacional de Geoquímica (IAG) y de la Asociación Española Para la Enseñanza de Ciencias de la Tierra (AEPECT), entre otras.

Sería difícil que cualquier persona, ya sea profesional de este mundo de las aguas subterráneas, de los recursos hídricos, o incluso siendo mero habitante de esta nuestra Tierra, esté en contra del título de este Punto de Vista. Incluso se podría decir que es obvio, que no es necesario enfatizarlo, pero este titular esconde un profundo sentido de ironía. Se podría interpretar, como ha sido mi propósito, que mientras haya agua, da igual cualquier otra característica que no sea meramente la posibilidad de disponer del volumen de agua necesario para las demandas (abastecimiento, agricultura o industrial). ¡No nos preocupemos, mientras haya agua, poco más importa!

Aceptar esta idea por parte de los usuarios es comprensible porque el acceso al agua es un derecho fundamental e inherente a la dignidad de cada ser humano. Pero, es también un derecho fundamental y una obligación de los organismos públicos y privados que gestionan el agua, situar su calidad al mismo nivel que la garantía de suministro. ¡Tranquilidad, mientras haya agua, su calidad es una característica secundaria!

Con todo ello quiero decir que los estudios de calidad y contaminación de las aguas subterráneas carecen de la importancia que se merecen; permítaseme que cite a Aristóteles: “No se puede ser feliz sino al precio de cierta ignorancia”. La experiencia de varias décadas en este campo me lleva a pensar que la percepción sobre la buena o excelente calidad de estos recursos hídricos se basa en la insuficiencia de estudios específicos sobre este tema.

No se puede obviar que, en esta sociedad en la que vivimos, existen miles de compuestos que son de uso común en las ciudades, agricultura e industria, y otros tantos miles en constante creación, que llegan a terminar en muchos casos en el medioambiente; ya sea por aplicación directa de compuestos en el terreno (agricultura), por vertidos directos sin tratar (el 80% de las aguas residuales retornan al ecosistema sin ser tratadas o reutilizadas (UNESCO, 2017)) o, simplemente, porque los sistemas de depuración actuales, incluso los dotados con tratamientos terciarios o superiores, no son capaces de eliminarlos en su totalidad y terminan de nuevo en los acuíferos y ríos.

Este marco ambiental siempre será perjudicial para aquellos que investigamos la calidad de los recursos hídricos, y en especial los subterráneos, porque la ausencia de financiación para el estudio de la presencia, comportamiento y persistencia de los compuestos potencialmente contaminantes siempre será una tarea desequilibrada desde el inicio, por lo tanto, vivimos en la ignorancia que nos apuntaba Aristóteles y atados de pies y manos para poder llevar a cabo nuestra función de investigación.

Déjenme recordarles que la ONU ha instaurado el día 19 de noviembre como el Día del Retrete intentando concienciarnos sobre la transmisión de enfermedades por la falta de salubridad. Esta iniciativa no se ha llevado a cabo pensando en países desarrollados, sino pensando en personas que viven en países que no poseen un sistema adecuado de saneamiento. Y aquí lanzo una pregunta para que reflexionemos, ¿no es cierto que muchas de nuestras actividades en países desarrollados (agricultura, vertidos de aguas residuales urbanas, vertidos industriales, entre otros vectores) se ubican sobre o cerca de acuíferos y ríos generando impactos irreversibles? Por lo tanto, ¿no deberíamos también nosotros marcar en el calendario el Día del Retrete para concienciarnos de la protección de la calidad de los recursos hídricos?

Recuerden a Aristóteles y sigan siendo felices…

   

dic./2019
LO QUE BIEN SE APRENDE, NUNCA SE OLVIDA
Mercedes Echegaray Giménez. Licenciada en Ciencias Geológicas. Hidrogeóloga.


Licenciada en Ciencias Geológicas por la UCM. Durante casi dos décadas realizó trabajos como profesional libre. En el año 2000 ingresa como funcionaria especialista en Hidrogeología en la Administración del Estado. En la actualidad está adscrita a la Oficina de Planificación Hidrológica de la C.H. del Tajo donde es responsable del Área de Participación Pública. Ha impartido clases y conferencias para diversas Universidades y Fundaciones.

Viene a cuento este conocido refrán para referir una historia acontecida en la Administración Española, en un Ministerio que parece muy alejado de la hidrogeología como puede ser el de Justicia. Y quiero contar a los miembros del Club del Agua Subterránea una insólita iniciativa que ahorró muchos caudales públicos merced a la utilización de las aguas subterráneas, y también una historia que sirva de homenaje a un compañero que se fue en marzo de 2015 a causa de una grave enfermedad.

Fue en ese ministerio (de Justicia) en el que ingresó como funcionario un licenciado en ciencias geológicas, concretamente de la XXIII promoción de la Facultad de Madrid. Resulta que allá por los primeros años de la década de los 80 la cosa del trabajo no estaba nada clara para nadie, ser universitario casi ni servía como llave de apertura a un puesto de trabajo, por lo que recurrir a las más variopintas oposiciones para la Administración era una clara salida para solucionar tu vida laboral y personal. Eso fue lo que hizo nuestro protagonista, ingresar como funcionario de Instituciones Penitenciarias. Y ahí tenemos a Don Juan Manuel Boces Izquierdo, nuestro compañero, trabajando para el Ministerio. No importaba la materia que hubiera estudiado, tenía la mejor de las licenciaturas, la del sentido común.

Y con ese bagaje en cuanto tuvo oportunidad les dijo a sus superiores que era una locura gastar tanto dinero en la conexión del suministro del agua para determinados centros penitenciarios muy alejados de los cascos urbanos, y por ende, de la toma municipal. Que probablemente era viable realizar el suministro de alguno de los Centros Penitenciarios proyectados mediante una captación de aguas subterráneas. Y como no se arredraba ante nada, cuando estábamos en la facultad le faltaba el tiempo para ponerse a picar cuando las compañeras le decíamos “Lolo, pica” y Lolo te cogía muestras para llenar un camión; pues eso que le faltó el tiempo para contactar con sondistas y perforadores para que le presupuestaran las posibilidades de su propuesta.

Parece ser que la propuesta fue a caer en superiores y receptivos oídos y se llevó a cabo; se realizaron más de dos decenas de sondeos en distintos Centros Penitenciarios, que no conviene ahora citar por cuestiones entendibles. Y así fue como Juan Manuel Boces Izquierdo, que pensó al aprobar la oposición que ya sólo haría geología ampliando su estupenda colección de minerales y rocas, volvió a la geología y le hizo un bien monetario a las arcas públicas, siendo –eso sí- recompensado con una meritoria Cruz de plata (Medalla de plata de 1ª clase al mérito penitenciario).

         

   

dic./2019
POR FAVOR, SEÑORES POLÍTICOS, ESCUCHEN A LOS TÉCNICOS, QUE SABEN MÁS QUE USTEDES.
José Antonio de la Orden Gómez. Dr. Ingeniero de Minas.

Ingeniero de Minas desde 1989 y Máster en Hidrología General y Aplicada en 1995. En 2006 adquirió el Grado de Doctor por la Universidad Politécnica de Madrid, en el programa de doctorado titulado “Ingeniería Geológica”, defendiendo su tesis sobre el tema de la recarga artificial de acuíferos. También es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid en 2015.Ha desarrollado su actividad profesional con preferencia en el campo de los recursos hídricos, primero en la empresa privada durante un año y medio, concretamente en el campo del agua y la minería de rocas ornamentales. Desde 1994 trabaja en el Instituto Geológico y Minero de España, primero como Investigador titular y ahora como Técnico Superior especialista, desarrollando su labor profesional en el campo de la hidrogeología, y más concretamente en la modelización matemática de acuíferos y la recarga artificial. Ha participado en 7 proyectos de investigación con financiación competitiva y 20 proyectos científico-técnicos en los últimos años. Autor de 11 capítulos de libros relacionados con la hidrogeología, 4 publicaciones en revistas relacionadas con la recarga artificial de acuíferos y 30 publicaciones en congresos o jornadas, de las cuales 7 lo han sido en congresos internacionales, incluyendo la reunión de la Sociedad Geológica Americana de 2005 y los simposios internacionales sobre Gestión de la Recarga (MAR).

Me pregunto por qué es tan difícil en nuestro país que los políticos de turno (y me da igual su signo) acepten la opinión de los técnicos. Lo vemos multitud de veces, pero en el campo de la gestión del agua es especialmente llamativo. Me explico:

La actual coyuntura climática no invita precisamente al optimismo. Estamos en un contexto de cambio que nos va a exigir una adaptación imprescindible en los próximos años. Si se cumplen los augurios que predicen una disminución de precipitaciones en España y el desarrollo cada vez más frecuente de episodios extremos, tanto de sequías como de inundaciones, es evidente que, para conseguir seguir satisfaciendo las demandas hídricas, deberemos adaptar nuestro modelo de gestión a las nuevas condiciones.

Me voy a centrar en un aspecto que me parece de gran importancia, la recarga artificial de los acuíferos. Me refiero a cualquier tecnología que permita infiltrar de forma consciente y programada agua en un acuífero. Es una técnica sobradamente desarrollada desde el punto de vista técnico, que ha demostrado su validez en muchos países del mundo (ejemplos paradigmáticos son los Estados Unidos, los países nórdicos, Holanda, Australia o Alemania), incluido España, en donde se ha testado con resultados esperanzadores, y donde existen unas pocas instalaciones funcionando con éxito. La recarga artificial puede y debe ser una técnica para utilizar dentro de la gestión de los recursos hídricos, que puede aportar mucho en aquellos lugares en los cuales las condiciones así lo permitan. Es evidente que no permite gestionar grandes volúmenes de agua, pero sí solucionar problemas a pequeña escala que pueden ser muy importantes.

Sin embargo, en España se encuentra con un muro que le impide desarrollarse y ser aplicada con mayor eficacia: sus condicionantes jurídicos. En efecto, nuestra ley de aguas la considera un vertido a las aguas subterráneas y la somete a un régimen jurídico que en la práctica impide su aplicación. El régimen de puesta en marcha requiere de una triple relación con la administración hidráulica: primero se requiere un régimen de concesión de los caudales a recargar; después, la correspondiente autorización de vertido y, por último, la somete al canon de regulación, puesto que considera a las obras de recarga como obras de regulación. Vamos, para desmotivar a todo el que tuviera la intención de poner en marcha una recarga artificial en España. Y para terminar de poner la guinda, se exige un estudio hidrogeológico que demuestre la inocuidad del vertido a las aguas subterráneas (concepto sin definir jurídicamente y, por tanto, completamente subjetivo).

Yo pienso que la recarga artificial puede aportar grandes cosas a nuestro sistema de gestión de los recursos hídricos. Y me consta que desde diversos estamentos sociales (entre ellos el Club del Agua Subterránea) se ha pedido reiteradas veces que la recarga artificial deje de ser considerada un vertido para que se pueda desarrollar. Pero hasta ahora (y nunca perderemos la esperanza de que esto cambie) nuestros políticos no han movido un dedo para cambiar este ridículo estatus. Se ve que saben mucho más que los técnicos… nos lo demuestran a diario, y así nos va.

   

sept./2019

EL BORRADOR DEL LIBRO VERDE PARA LA GOBERNANZA DEL AGUA:
IMPLICACIÓN EN LOS SECTORES DE LAS AGUAS MINERALES ENVASADA Y DE LOS BALNEARIOS
José F. Albert. Dr. en Ciencias Geológicas.

Doctor en Ciencias Geológicas por la Universidad de Barcelona y Diplomado en Hidrología Subterránea. Especialista en aguas termales y geotermia, fue la primera persona en España en doctorarse en esta disciplina (1976). Ha dirigido durante veinticinco años numerosos proyectos nacionales e internacionales en el campo de la Geotermia, tanto en el sector público como en el privado, así como proyectos de I+D de la Unión Europea. Desde 2013 es asesor del Instituto Volcanológico de Canarias y coordina los proyectos de investigación geotérmica de las islas. Como Director de Recursos de Agua del Grupo Danone (1990-2010) principal productor mundial de Aguas Minerales, ha desarrollado su actividad de búsqueda y evaluación de recursos hídricos durante otros veinte años en más de treinta países de Europa, Asia, África y América latina. Vicepresidente de la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas (ANEABE) de 2007 a 2012 y Presidente del Comité de Expertos de ANEABE (1990- 2012), año de su jubilación .Premio Nacional de Geología y Víctor de Plata al Mérito Académico, es autor de más de cuarenta artículos en revistas científicas nacionales e internacionales y de numerosas publicaciones sobre geotermia y geoquímica de aguas minerales y termales. Ponente en numerosos congresos y miembro del tribunal de varias tesis doctorales, ha desarrollado también actividad docente en las universidades de Barcelona y Madrid.

El Ministerio para la Transición Ecológica lleva unos meses elaborando un borrador del llamado Libro Verde para la Gobernanza del Agua. Se trata de un documento muy ambicioso que aborda cuestiones relativas a la gestión de todo tipo de aguas, motivadas principalmente por el cambio climático y su impacto en la sequía. El principal propósito del Ministerio es recabar opiniones en relación con las disfunciones del modelo de gobernanza vigente y analizar propuestas de mejora. En la dirección http://www.librogobernanzagua.es/, puede encontrarse el borrador del documento.

Si tal como se indica en la web “el Ministerio para la Transición Ecológica, busca abrir espacios de debate y generar propuestas de mejora en colaboración con los actores institucionales y las partes interesadas”, estas son las reflexiones de un hidrogeólogo ya jubilado, que ha convivido con los sectores de aguas minerales envasadas y balnearios durante una gran parte de su vida profesional.

Se propone en este borrador de Libro Verde “Eliminar distinciones regulatorias en materia de aguas subterráneas mediante la supresión del artículo 1.5 del TRLA”, el cual dispone que las aguas minerales y termales se regularán por su legislación específica (…). Esta modificación tiene una gran relevancia, ya que implicaría una modificación de la naturaleza jurídica de las aguas minerales y termales, de modo que éstas dejen de estar reguladas por la Ley de Minas y pasen a estar bajo la tutela de la Ley de Aguas, lo que afecta a la titularidad de las mismas.

Con la situación actual, ambos sectores han crecido y se han desarrollado bajo la tutela eficaz de la Ley de Minas, representada por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y las Comunidades Autónomas (CCAA). Las principales características de esta tutela son:

• Régimen jurídico diferencial

Las aguas minerales y termales presentan un régimen de distribución de competencias singularizado respecto del establecido para el resto de los recursos hídricos. Esta es la conclusión que fácilmente se extrae si acudimos a los arts. 148.1.10ª y 149.1.22ª de la Constitución Española (CE).

Las aguas minerales y termales se mantienen al margen del régimen competencial establecido para los recursos hídricos, en atención al modo incuestionable con el que el art. 148.1.10ª. CE otorga las competencias sobre estas aguas en favor de las CCAA, singularidad justificada por el hecho de que la Ley de Minas, y el Reglamento que la desarrolla (Real Decreto 2857/1978), incluyen a las aguas minerales y termales dentro de los recursos minerales que componen la Sección B. Además, existen normativas de rango inferior que regulan de forma específica aspectos relativos a su explotación y comercialización.

El Real Decreto Legislativo 1/2001, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Aguas, así lo dispone en el Art.1 apartado 5 en virtud del cual “Las aguas minerales y termales se regularán por su legislación específica”, sin perjuicio de que el apartado 2 del mismo artículo señala que “Es también objeto de esta ley el establecimiento de las normas básicas de protección de las aguas continentales, costeras y de transición, sin perjuicio de su calificación jurídica y de la legislación específica que les sea de aplicación”.

Ello significa que también están bajo el ámbito de aplicación de la Ley de Aguas en lo que se refiere a su protección, lo que no es impedimento para tener una naturaleza jurídica especial y por tanto una legislación específica. Además, una de las máximas siempre tenidas en cuenta por la normativa que tradicionalmente ha ido conformando el régimen jurídico de las aguas minerales y termales ha sido el reconocimiento y respeto a la posible existencia de propiedad privada sobre este tipo de recursos, a la que se viene reconociendo como una propiedad especial y diferente tanto del resto de los recursos hidráulicos como mineros.

• Un recurso minero renovable

Las aguas minerales se diferencian del resto de recursos minerales por su carácter renovable. La cantidad extraída debe ser siempre inferior a la recarga promedio anual del acuífero, de manera que se asegure su sostenibilidad cuantitativa y cualitativa, manteniendo siempre constante su composición química. La planta envasadora o el balneario son los primeros interesados en preservar su recurso, que constituye la base de su actividad económica a medio y largo plazo.

• Estricta autorización, vigilancia y control de las autoridades

Las autoridades mineras y sanitarias desempeñan una labor fundamental para garantizar la protección y las características de este recurso minero. Así, para obtener la declaración de la condición de mineral las aguas deben reunir unas características muy específicas, superar estrictos análisis químicos y microbiológicos mensuales durante dos ciclos hidrológicos y un largo expediente administrativo, de acuerdo con lo indicado por las Directivas 80/777/CEE, 96/70/CE, 2003/40/CE y 2009/54/CE y sus correspondientes transposiciones al ordenamiento jurídico español.

Es la autoridad minera quien decide, previa consulta a otras administraciones como la hidráulica, cual es el caudal óptimo de aprovechamiento de la captación y su correcto perímetro de protección, con el fin de que sea compatible con otras actividades y evitar posibles afecciones al acuífero.

El perímetro de protección es aquella superficie de terreno en la que se limitan o se condicionan las actividades que pueden perjudicar al acuífero. Su función es garantizar la pureza original de las aguas minerales y se delimita en base a criterios muy estrictos. El número de zonas a definir en el perímetro de protección se decide en función de las características hidrogeológicas e hidrodinámicas del acuífero e integran una zona inmediata para la protección de la captación, una zona de protección cualitativa y otra de protección cuantitativa.

El Instituto Geológico y Minero de España (IGME) trabaja muy estrechamente con las distintas administraciones, así como con otros agentes sociales comprometidos con la protección de las aguas subterráneas, además de elaborar los correspondientes informes preceptivos para la declaración y autorización de las aguas minerales.

De todo lo expuesto puede concluirse que:

1) El sector de las aguas minerales y el de los balnearios deberían seguir con su régimen legislativo y administrativo actual, ya que se ha demostrado eficaz y eficiente para la regulación de ambos sectores y de la gestión de los acuíferos. El cambio jurídico propuesto implica abandonar un sistema que funciona y afrontar nuevos claros riesgos sin beneficio social aparente.

Son las autoridades mineras quienes tienen los conocimientos técnicos y experiencia para supervisar y autorizar las explotaciones de agua mineral y termal. Además, cabe recordar que las extracciones de las aguas minerales y termales constituyen sólo el 0,03% de los recursos hídricos subterráneos. ¿Qué sentido tiene? ¿Ansia de poder en manos de otros estamentos?

2) El cambio competencial, y la inclusión de las aguas mineromedicinales y termales dentro de la Ley de Aguas conlleva o pretende, de entrada, una declaración de las aguas como un bien público, situación esta que no encuentra fundamento en la causa de utilidad pública o de interés social que debe presidir dicha declaración, y al mismo tiempo supone un quebranto de derechos constitucionales tan importantes como el derecho a la propiedad.

La inclusión de las aguas minerales y termales bajo la competencia de la Ley de Aguas, y con ello su declaración de bien de dominio público, y la supresión de cualquier tipo de propiedad sobre las mismas, tampoco asegura por sí mismo el uso público del recurso, ni una mejor distribución pública, objetivos que debe perseguir siempre toda declaración de dominio público de un bien.

Respecto al concepto de prestación de un servicio público, este requisito no sería aplicable dado que las aguas minerales, mineromedicinales y termales siempre han estado directamente asociadas a una actividad empresarial. Además, con el cambio jurídico planteado no se busca la satisfacción de una necesidad colectiva concreta.

La declaración de bien público no tendría un especial efecto directo en lo que la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional ha venido conceptuando como “fomento de la riqueza nacional”, por el contrario, su declaración como bien público pondría en peligro una actividad empresarial centenaria, que sí crea riqueza en territorios en su mayoría rurales.

3) En definitiva, el único fundamento para justificar las pretensiones que se recogen en el Libro Verde de la Gobernanza del Agua es simplemente la “coherencia con el resto del ordenamiento jurídico español”.

Sin embargo, en base a lo expuesto, quien escribe estas líneas entiende que no concurren razones ni de eficacia, ni de interés público, ni de carácter técnico ni medioambiental que justifiquen un cambio jurídico tan relevante como el recogido en el borrador actual del Libro Verde. Muy al contrario, este cambio legislativo y sus consecuencias supondrían un claro riesgo para los sectores económicos que se ha generado alrededor de este bien hídrico, principalmente en pequeños núcleos rurales.

La realidad actual y los resultados prácticos que han convertido a España en uno de los principales actores europeos en la actividad de aguas minerales y termales, llevan a considerar la actual Ley de Minas como una eficaz herramienta que ha permitido la creación de riqueza en perfecta armonía con la protección de la calidad y de la sostenibilidad de las aguas minerales y termales, bajo la supervisión de las autoridades mineras y bajo el régimen de propiedad actual.

   

julio/2019

HIDROGEÓLOGO ¿UNA ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN?
Irene de Bustamante Gutiérrez. Doctora en Ciencias Geológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora Titular en el Departamento de Geología de la Universidad de Alcalá, y Directora Adjunta de IMDEA Agua.

Irene de Bustamante Gutiérrez. Doctora en Ciencias Geológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora Titular en el Departamento de Geología de la Universidad de Alcalá, y Directora Adjunta de IMDEA Agua. Entre sus líneas de investigación actuales se puede destacar: reutilización de aguas regeneradas para riego y recarga, hidrogeología, calidad y contaminación del agua, y cartografía ambiental. Ha participado en más de 60 proyectos y contratos de investigación, siendo en 35 de ellos investigador principal. Los resultados se reflejan en más de 200 trabajos en revistas, libros y monografías, tres patentes y un software. Ha dirigido 9 tesis doctorales, 4 tesis de Licenciatura y 45 proyectos de máster. Cabe destacar también su actividad como Directora del Máster en Hidrología y Gestión de los Recursos Hídricos, además de formar parte de la Comisión Docente del Doctorado en Hidrología y Gestión de los Recursos Hídricos. Recientemente ha obtenido varios premios de investigación, 3 de ellos por el proyecto Consolider Tragua “Tratamiento y Reutilización de aguas residuales para una gestión sostenible", otorgados por el Consejo Social de la Universidad de Alcalá, en 2007; por la International Water Association en 2012, dentro de la categoría “Grand prize in the practical realization” y por la Dirección General de Investigación Científica y Técnica en 2012 por ser uno de los cinco proyectos más representativos de la calidad de la ciencia española. Así mismo, obtuvo en 2012 un accésit durante la XIV Edición Premios Fundación 3M a la Innovación, por su trabajo "Evolución de trazas de fármacos en el tratamiento de aguas residuales urbanas”.

Una amenaza de alto riesgo se extiende en el actual escenario ambiental, donde los recursos hídricos continúan marcando el pulso del planeta: la desaparición de una especie.

Es preocupante que, en determinados eventos suscritos en el marco de la hidrogeología, la edad media de los asistentes sea bastante elevada ¿Dónde están los jóvenes hidrogeólogos? Os invito a visitar la fototeca del Club del Agua Subterránea [1]. En las reuniones científicas su asistencia es más elevada y suelen ser jóvenes que se encuentran trabajando en algún centro académico y/o de investigación.

El artículo publicado en 2014 en Tierra y Tecnología [2], define al hidrogeólogo como “un auténtico hombre orquesta”, que debe tener conocimientos en todas las áreas geológicas, climatología, hidrografía perforación, legislación, etc., y proveniente de múltiples titulaciones. También sabemos del gran abanico de salidas profesionales que tiene este tipo de especialistas.

Entonces ¿Dónde está el problema? ¿Cuál es nuestra responsabilidad? En España se impartían tres cursos de especialización en hidrogeología, de los que sólo queda uno; y en las distintas facultades y escuelas, la hidrogeología es una materia en torno a los 6 ECTS, inserta en algún curso de la carrera. Si ni desde la propia academia peleamos por esta disciplina, mal podremos motivar a nuestros estudiantes a sumergirse en el mundo del agua. Otro problema que he detectado en los jóvenes hidrogeólogos es que les gusta poco el campo, prefieren trabajar con modelos matemáticos o con ensayos de laboratorio.

Pero la responsabilidad no está sólo en la academia ¿Qué hace la administración por fomentar la vinculación de estos profesionales cualificados en sus estamentos? ¿en qué lugar del limbo se encuentra la geología (motor de la hidrogeología) en la enseñanza primaria y secundaria? ¿Qué actividades de divulgación realizamos para dar a conocer a la sociedad quienes somos y qué hacemos?

¿Tendremos que hablar dentro de unos años de la extinción del homo hidroligensis al inicio del Antropoceno?

[1] https://www.clubdelaguasubterranea.org/album.htm

[2] https://www.icog.es/TyT/index.php/2009/11/que-es-la-hidrogeologia-el-geologo-y-la-hidrogeologia/

 

julio/2019

SELECCIÓN DE INDICADORES EN LA GESTIÓN DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS EN MINERÍA
Juan Carlos Baquero Úbeda. Doctor Ingeniero de Minas

Juan Carlos Baquero Úbeda. Doctor Ingeniero de Minas por la Universidad Politécnica de Madrid. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por el Instituto Internacional San Telmo de Sevilla. Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales por la Fundación Tripartita. Especialista en Hidrogeología, Minería y Medioambiente. Durante 19 años trabajo en la consultora FRASA Ingenieros como Jefe de Proyectos, simultaneando esta actividad con la docencia como Profesor de Hidrogeología en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid (8 años). Desde 2008 es responsable del área de hidrogeología de la compañía minera Cobre Las Cruces (Sevilla). Tiene 4 premios académicos y menciones especiales, tanto nacionales como internacionales, siendo coautor de 3 libros, 5 capítulos de libros, 5 artículos indexados, 14 artículos en revistas técnicas y más de 35 ponencias en congresos internacionales. Ha desarrollado su vida profesional en 8 países en 3 continentes (Europa, África y América)

El pasado 21 de marzo tuvimos la ocasión de participar en la Jornada que el CAS organizó en Madrid, relativa al Uso Eficaz de Indicadores en la Gestión de las Aguas Subterráneas.

Aun cuando el agua (después del aire) es el recurso más abundante que encontramos en nuestro planeta, el agua de calidad no es tan abundante, tanto por su acceso, como por el volumen disponible y su pureza. Todos somos conscientes del valor que tiene este recurso, así como la importancia de racionalizar y optimizar su empleo, sin poner por ello en riesgo al entorno, garantizando su correcta gestión (captación, tratamiento, distribución y devolución al medio), y a un coste razonable.

Un indicador es una herramienta que permite valorar el funcionamiento de algo complejo pero medible, de forma que puedan tomarse decisiones en función de su evolución con respecto al objetivo para el que ha sido definido.

La definición de un indicador debe responder a un objetivo concreto, de forma que resulte tanto representativo del proceso a controlar como fiable y objetivo. La definición de un indicador conlleva, además de su selección, concretar los medios instrumentales de medida disponibles, unidades, rango de variabilidad y valores de referencia que indiquen cuando tomar una decisión, evitando sesgos.

Deben buscarse indicadores de fácil comprensión (bien descritos), duraderos y conocidos, de forma que puedan existir referencias. El uso correcto de un indicador puede incluso señalar, de forma predictiva, cual es la tendencia del sistema si no se ejercen cambios.

En cualquiera de los casos interesa validar periódicamente los indicadores empleados, analizando la conveniencia o no de continuar con cada uno de ellos, ya que pueden dejar de ser representativos o producir un sesgo en la información. En esos casos pueden ser complementados o sustituidos por otros.

En minería, los parámetros típicos de control son: abatimiento de nivel piezométrico, calidad físico-química y microbiológico del agua, caudal extraído/tratado, todos aquellos relacionados con la calidad del agua, coste, consumo energético y en reactivos, tiempo, presiones, etc. Para el control de cada uno de estos parámetros, pueden construirse multitud de indicadores en función de nuestras necesidades.

Transversalmente existen una serie de exigencias y requisitos que deben cumplirse, tanto impuestos por la Administración como auto-impuestos por la propia empresa, que permiten definir valores umbral que exigen alguna actuación concreta. Esta circunstancia exige un control que, mediante indicadores sencillos, puede llevarse a la práctica.

En operaciones mineras, el control se realiza de forma multiparamétrica, enfocado tanto al cumplimiento de objetivos como a la optimización de costes. Frente al empleo de un indicador complejo, puede usarse un conjunto de indicadores sencillos, destinados cada uno de ellos a una faceta de control (producción, coste/consumo, eficacia, etc.). De esta forma podremos obtener una mayor y más concreta información en el momento de analizar el sistema.

El número de indicadores a emplear en minería puede ser altísimo, ya que cada área busca aquellos que mejor resultado pueden darle para controlar el objetivo particular de cada uno de ellos. Así mismo, existen diferentes niveles (escalas de análisis) que exigen el empleo de indicadores más concretos o más generales.

Cuando se trata de comparar entre diferentes elementos de un sistema (sondeos de drenaje, por ejemplo), o se pretende analizar la evolución que con el tiempo presenta cada elemento, deben buscarse unidades homogéneas de comparación (caudal específico, etc.)

El seguimiento de uno o varios Indicadores no debe considerarse un fin en sí mismo, sino una herramienta para valorar la gestión aplicada en pro de su excelencia, detectando riesgos y oportunidades.

 
 
junio/2019

UN FUTURO ESPERANZADOR PARA EL SECTOR DE LA GEOTERMIA

Celestino García de la Noceda Márquez, Jefe de proyectos de Investigación Geotérmica del IGME y vocal del CAS
Celestino García de la Noceda Márquez. Ingeniero de Minas. Desde hace más de 39 años trabaja en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Emprende su actividad en el IGME en el campo de las Aguas Subterráneas en las Cuencas altas del Júcar y Segura y posteriormente en la Cuenca del Ebro. En el año 1982 comienza su actividad en el campo de la Energía Geotérmica y desde 1984 es responsable de los proyectos de Investigación Geotérmica realizados por el IGME. Durante estos años ha compatibilizado su actividad en Investigación Geotérmica con la Investigación Hidrogeológica, participando en numerosos proyectos llevados a cabo por el IGME. Cabe destacar los proyectos de investigación geotérmica en Cataluña, Galicia, Canarias, Andalucía, Murcia o Mallorca, entre otras zonas. Ha participado en diversos proyectos de la Unión Europea en temas de Energía Geotérmica y ha sido miembro del grupo de expertos que han participado en la selección de proyectos tanto de I+D como de Demostración. Es coordinador del grupo de Identificación de Recurso en la Plataforma Tecnológica Española de Geotermia, GEOPLAT. Miembro del Comité Técnico AEN/CTN 100 de AENOR que ha redactado la norma 100715-1 para sistemas geotérmicos en circuito cerrado vertical. Ha participado en numerosas reuniones tanto nacionales como internacionales relacionadas con su actividad Geotérmica e Hidrogeológica y es autor de un gran número de comunicaciones, ponencias y artículos.

El pasado mes de abril de 2019 tuvo lugar la reunión del grupo de expertos en Geotermia de la Agencia Internacional de la Energía y el workshop que tradicionalmente se organiza con motivo de las reuniones que este grupo celebra en los diferentes lugares del mundo. La reunión, organizada por la Plataforma Tecnológica y de Innovación Española de Geotermia (GEOPLAT), como miembro del grupo de expertos, con el apoyo de la Consejería de Economía, Industria, Comercio y Conocimiento del Gobierno de Canarias y el Instituto Tecnológico de Canarias, puede suponer un importante punto de inflexión en el desarrollo de la energía geotérmica en España.

Casi 10 años después de que se celebrase en Madrid una reunión similar con la participación de numerosos expertos mundiales y nacionales, la reunión celebrada en Canarias ofreció una visión confrontada con expertos mundiales sobre las posibilidades reales de la geotermia en España y va a permitir la reorientación de la actividad geotérmica a desarrollar en los próximos años con vistas a la demostración de la viabilidad de los diferentes tipos de proyectos geotérmicos posibles en el territorio.

Desde luego, el acierto en la selección del lugar de celebración de la reunión es un hecho evidente. La geotermia en Canarias se encuentra en la actualidad ante el reto inexcusable de demostrar que la aplicación de la energía geotérmica para la producción de electricidad es viable en las islas. Las investigaciones realizadas y las previstas a medio plazo han de concluir con los modelos de campo geotérmico que tendrán que ser confirmados mediante perforaciones. Quedan para otros momentos posteriores los desarrollos de técnicas innovadoras en exploración ya que éstas deberán ser demostradas en campo confrontadas ante yacimientos geotérmicos reales. Sin embargo aún hay grandes posibilidades de desarrollo tecnológico a desplegar en las actividades previstas a medio plazo en los aspectos ambientales y de perforación en zonas sensibles, en instrumentación y en técnicas auxiliares para los sondeos.

Pero sin duda, el reto que tiene que ser afrontado desde el primer momento y lo que supone el punto de inflexión que debe ser establecido en relación con la geotermia en las islas es el de coordinación y trabajo en equipo de las diferentes entidades que deben participar en el desarrollo de la geotermia en Canarias. Sin este esfuerzo integrador, el futuro de la geotermia profunda en Canarias será un tremendo fracaso, se habrán echado por tierra más de 30 años de esfuerzos y se tendrá que luchar contra otro “fantasma geotérmico” como fue el sondeo Lanzarote-1.

Algo que no podemos obviar por más tiempo es la entrada de nuevos agentes en el sector. Son varias las entidades públicas y privadas que deben estar presentes cuanto antes en el desarrollo de la geotermia. Sin ellas, las posibilidades de éxito de la geotermia pueden ser netamente mínimas. Por ello se hace necesario contar con el esfuerzo de todos evitando los protagonismos y los intentos de monopolizar tecnologías, territorios, subsectores,…

En todo caso, la geotermia profunda en España no sólo pasa por Canarias. Las posibilidades de aprovechamiento en las restantes áreas del territorio español no son en absoluto desdeñables. Hace falta iniciativa, voluntad y apoyo, pero se puede lograr el éxito, tal como también se puso de manifiesto en la reunión de Canarias. El futuro depende también es este caso de esa colaboración entre entidades implicadas en este tema. Tal vez sea el momento se “reescribir” con nuevas orientaciones los planteamientos que el sector de la geotermia profunda se había trazado antes de la moratoria de las renovables en 2012. No sólo se trata de financiación; es imprescindible aunar esfuerzos y apoyar decididamente los proyectos que se acerquen al aprovechamiento de la geotermia de media (e incluso de alta) entalpía. Aunque parezca que los momentos no son propicios, no cabe duda que se ha superado el rechazo irracional hacia la producción de energía eléctrica con renovables y hay que prepararse para una etapa con mejores oportunidades.

Tras estos párrafos dedicados a la geotermia convencional profunda, cabría preguntarse qué panorama se vislumbra en cuanto a la geotermia somera. En la reunión celebrada en Canarias se puso claramente de manifiesto el importante crecimiento que podría tener el sector con los apoyos adecuados. Se está desarrollando un amplio esfuerzo en mejorar la calidad y garantía de los trabajos mediante una mejor formación y cualificación de los técnicos y con unas exigencias mayores para verificar la calidad. En este sentido, no podemos olvidar que sectores aparentemente cercanos continúan distorsionando la información y verificación de las características de las instalaciones, lo que puede perjudicar a la larga a todos los sectores próximos. Confiamos que estas maniobras vayan siendo clarificadas y el sector de la geotermia somera pueda seguir creciendo al ritmo que corresponde y respondiendo a las exigencias que las directivas europeas establecen para la eficiencia energética en climatización.

Si algo se ha podido aprender de la reunión celebrada en Canarias es que la colaboración de todos los agentes, la transmisión de conocimiento y el intercambio de información son la única vía posible para desarrollar las tecnologías que permitan lograr los objetivos de exploración, desarrollo y utilización de la energía geotérmica en España. Se requiere la implicación y amplitud de miras de todos para que este espíritu de integración y coordinación pueda ser real y permita alcanzar las metas deseadas, mucho más allá de lo que nuestros objetivos particulares nos permitan vislumbrar.

 

mayo/2019

EL FUTURO DEL AGUA

Alberto Jiménez Madrid. Doctor en Ciencias del Medio Ambiente. Miembro Consejo Asesor del CAS


Alberto Jiménez Madrid es Doctor en Ciencias del Medio Ambiente. Especialista en planificación de los recursos hídricos y ordenación del territorio. Autor de más de 80 publicaciones y ponencias de especialista en más de 10 países de Europa y en Sudamérica relacionadas con la gestión del agua y los recursos naturales. Tiene experiencia en dirección de proyectos en Europa, América, Asia y África. Profesor Asociado de Universidad. Profesor Tutor UNED. Perito judicial especialista en medio ambiente, ordenación del territorio y urbanismo. Premio Internacional de Investigación “Profesor William R. Dearman QJEGH” en 2011 y Premio Nacional Alfons Bayó 2014 otorgado por la Asociación Internacional de Hidrogeólogos (Grupo Español) por su trayectoria.

En la actualidad es Director General de la consultora PROAMB Integrada, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio Profesional de Ambientólogos de Andalucía y del Comité Consultor de la Cátedra de Planificación Estratégica Territorial y Gobernanza Local de Málaga.

Según la UNESCO, en la actualidad existe una crisis de gestión de los recursos hídricos a nivel mundial. Ésta se verá especialmente agravada en entornos del Mediterráneo, debido al excesivo uso sin control de los recursos, la falta de inversión y su continua mala gestión, lo que ha provocado una pérdida en la calidad y cantidad del recurso disponible, así como la degradación de los ecosistemas asociados. Dicho escenario se verá potenciado negativamente a medio plazo de cumplirse las previsiones de cambio climático que para la región se prevé desde organismos e instituciones como el IPCC.

Tras años de retraso en la aprobación de los diferentes planes hidrológicos de cuenca, la puesta al día con los plazos marcados desde Europa para los diferentes ciclos de la planificación ha supuesto un gran esfuerzo en todos los sentidos para el Estado, las administraciones públicas y las empresas privadas colaboradoras. Sin embargo, este esfuerzo sitúa a España a la cabeza de los países europeos que están al día, al menos sobre el papel, con las obligaciones respecto a la gestión y planificación de los recursos hídricos. Aun así, la realidad reinante es que todavía quedan muchos campos en los que avanzar y mejorar para alcanzar los objetivos de las directrices que en materia de agua rigen desde Europa, principalmente los recogidos en la Directiva Marco del Agua.

Para ello es necesario alcanzar un gran acuerdo, un pacto nacional sobre el agua basado en la colaboración y coordinación entre administraciones, que incluya las voluntades tanto de los responsables técnicos como políticos, con la intención de definir las líneas estratégicas de futuro que deberán guiar la política en materia de agua en nuestra tierra y su gestión, con el fin de mejorar el actual escenario. Para ello, es imprescindible abordar la temática desde sus diferentes vertientes y afecciones (ambientales, sociales, económicas, etc.) para consensuar un nuevo modelo alternativo de gestión y planificación basado, a grandes rasgos, en los siguientes hitos:

  • Las políticas de agua tienen que estar basadas en la solidaridad entre los pueblos, donde el agua, como el recurso de la vida, debe ejercer de elemento vertebrador del territorio. Existen cuencas excedentarias que podrían paliar los problemas de déficit hídrico que sufren otros sectores, siempre y cuando el desarrollo futuro de la cuenca cedente no se vea comprometido por posibles transferencias y se cumplan los objetivos medioambientales de las masas de agua.

  • Es fundamental la coordinación entre administraciones, a todos los niveles, donde la pluralidad de niveles de gobierno y la fragmentación de competencias sobre los ámbitos que se tratan originan en ciertos casos una gestión inadecuada de la situación.

  • Se hace necesario un compromiso serio para desarrollar los diferentes programas de medidas de los planes hidrológicos. De forma recurrente se aprecia el desplazamiento temporal de las medidas propuestas de un ciclo de planificación al siguiente, incluso la eliminación de horizontes temporales para la ejecución de algunas de ellas sin que otras medidas vengan a mejorar la situación de estrés hídrico cada vez mayor, lo que denota que la problemática no está en la teoría, sino en la puesta en práctica y la voluntad de desarrollo de estos programas de medidas.

  • Los procesos de participación e información pública deben fomentar más el compromiso de la sociedad en estos procesos, mediante la explicación de las implicaciones que los documentos normativos aprobados en los diferentes planes (hidrológicos, zonas inundables, etc.) generan sobre el desarrollo futuro del territorio, y evitar que dichos procesos se conviertan en trámites legales que cumplir con publicaciones en periodos vacacionales, entre otras medidas, que lo último que buscan es la participación ciudadana y de las administraciones locales.

  • Se deben determinar con claridad los mecanismos y fórmulas en los que se llevará a cabo la recuperación del coste de los servicios relacionados con el agua. Unificar criterios frente a la dispersión normativa y prever aquellos mecanismos necesarios para evitar duplicidades en cuanto a los gravámenes exigidos.

  • Se hace necesaria una mayor conectividad entre los avances científico-técnicos y los trabajos desarrollados desde las administraciones. El potencial humano de nuestra sociedad es enorme y goza de reconocido prestigio a nivel internacional, sin embargo, existe una falta de inclusión de los resultados obtenidos en investigaciones y desarrollos tecnológicos dentro de la toma de decisiones en determinados ámbitos de la planificación hidrológica.

  • En determinados ambientes es necesario el estudio, desarrollo e implantación de fuentes alternativas de suministro que aumenten el recurso disponible y aseguren la capacidad de abastecimiento de la población, no ya solo de la zona donde se lleven a cabo las actuaciones. Estas medidas liberan recursos procedentes de otras fuentes tradicionales que pueden ser destinados a otros usos que consolidan y fomentan el desarrollo del territorio, con la consecuente creación de riqueza y mejora en la calidad de vida de los ciudadanos, así como la mejora del estado de las masas de agua y ecosistemas asociados. Dichas actuaciones deberán ir acompañadas de planes de optimización energética, los cuales permitirán aumentar la competitividad de nuestro mercado, así como incidir positivamente sobre el medio ambiente.

  • Alcanzar el objetivo de vertido cero mediante la construcción de las EDAR que todavía se encuentran pendiente de ejecutar y la modernización de aquellas que lo precisen.

  • Es necesario efectuar un control eficiente y vigilancia de los recursos extraídos y suministrados, junto con campañas de concienciación ciudadana. Estas medidas se tornan fundamentales para poder alcanzar un uso sostenible de los recursos hídricos y poder garantizar así el abastecimiento futuro de la población.

  • Finalmente, se hace necesario el estudio de modelos de uso conjunto de todos los recursos hídricos disponibles encaminados a proponer alternativas y garantizar el abastecimiento de los diferentes municipios, de los usos asociados al desarrollo económico y social de la población y, por supuesto, garantizar el cumplimiento de los objetivos ambientales de las diferentes masas de agua.

No cabe duda de que España necesita de una política en materia de agua seria, rigurosa, con respaldo económico suficiente y sobre todo con voluntad e impulso político que se traslade a una gestión sostenible e integral, reflejo de la legislación vigente.

No se puede olvidar que lo que tenemos no es la herencia de nuestros antepasados, sino el préstamo de las generaciones futuras, y es por ello que debemos trabajar y cambiar las cosas para garantizar el bienestar de la sociedad, reducir las incertidumbres que la falta de inversión de estos últimos años nos ha generado, alcanzar el buen estado de las masas de agua y preservar nuestro patrimonio natural, el cual será el legado que reciban las generaciones futuras.

 

abril/2019

GEOPARQUES Y RECURSOS HÍDRICOS: SIMBIOSIS PARA EL FOMENTO DEL GEOTURISMO.

Esther Martín Pinto. Doctoranda de la Universidad de Málaga



Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Málaga, Master Ejecutivo en Gestión y Dirección de Empresas por ESIC y Master en Gestión Hotelera por la Universidad de Cornel en Nueva York. Habiendo disfrutado de dos becas para estudiar y trabajar en EE. UU. En España responsable del departamento de idiomas de Ciomijas o Centro de Formación Integral de las Industrias del Ocio, centro de la Junta de Andalucía destinado a diseñar y ser banco de pruebas de la formación profesional a nivel directivo de los futuros líderes del sector turístico de Andalucía. Poco después Jefa de Estudios y después Directora Académica, durante 12 años. A continuación, comencé a trabajar en Diamond Resorts International como Training Manager Europe siendo responsable de la formación de todos los complejos hoteleros de la compañía en Europa.

Los Geoparques son, según definición de la UNESCO, áreas geográficas unificadas donde lugares y paisajes geológicos de relevancia internacional se gestionan con un sentido holístico de protección, educación y desarrollo sostenible. Es imposible desligar en los Geoparques la riqueza geológica con el magnetismo que atrae a los visitantes y que, además de disfrutar de los paisajes y explicaciones geológicas, busca las raíces socioculturales del territorio rural enfrentados a una cada vez mayor sociedad urbanita. Todas estas visitas se encuentran abarcadas en el concepto de Geoturismo y es parte integral de los Geoparques y esencial para su estabilidad y desarrollo, como atractor y promotor de la economía local.

El Geoturismo busca la integración de la industria del turismo con la conservación e integración del patrimonio geológico y geodiversidad, al mismo tiempo que promueve el desarrollo económico y social de las comunidades locales. En este sentido, España es el tercer país del mundo en número de turistas extranjeros (75 millones de turistas anuales), el primer país de la Unión Europea en número de pernoctaciones y el 11 % de su producto interior bruto es debido a la actividad económica derivada de la actividad turística. También España es el segundo país del mundo en número de Geoparques por lo que cabría plantearse si no sería sensato integrar el Geoturismo en los planes de fomento de este importante sector económico del país como diversificación al turismo ya establecido y asentado en el sol, la playa y la cultura.

Los estudios psicológicos de percepción del paisaje destacan que uno de los elementos objetivos más importantes a la hora de apreciar y darle valor al medioambiente es la presencia del agua. Este líquido elemento, ya sea superficial o de origen subterráneo (aguas subterráneas), debería tener mayor importancia entre los Geoparques ya que una de las tipologías de los lugares de interés geológico (LIG) que existen en estos ENP son las hidrogeológicas. Sin embargo, esto contrasta con que en España solo el 1’2 % de los LIGS ubicados en Geoparques son hidrogeológicos, demostrando que las aguas subterráneas son un aspecto poco estudiado en este tipo de espacios, al igual que en otros Espacios Naturales Protegidos (ENP), como los Parques Nacionales o las Reservas de la Biosfera.

Esta falta de representación del agua subterránea en los Geoparques no se corresponde con la importancia del agua, en general, y del agua subterránea, en particular, en la Naturaleza. Hay que hacer un esfuerzo en el estudio e inventario de LIGS que representen el ciclo del agua en los Geoparques. De esta forma se conseguiría que los visitantes y, también, los habitantes, entendieran el importante papel que el agua juega en estos espacios, creando un valor ambiental añadido y por lo tanto se complementara la oferta de atracción turística a estos espacios naturales.

 

marzo/2019


PUNTO DE VISTA por Gerardo Ramos González. (Dr. Ingeniero de Minas. Vocal del CAS).

¿Te arriesgas con los zahoríes?

Mi mujer es médico, quizás por eso siempre he pensado en el paralelismo existente entre las ciencias del subsuelo: Geología, Minería, Hidrogeología, Geofísica, etc. Con la Medicina y sus especialidades.

De entrada tanto en unas como en otras se trabaja con lo oculto. En el caso de la Medicina con el cuerpo humano y en las ciencias del subsuelo con la tierra.

Todo está lleno de paralelismos. Los diagnósticos en ambos casos deben hacerse mediante métodos indirectos, también con sus similitudes. Así tenemos que para detectar masas tumorales en el cuerpo humano se emplean diversas técnicas entre las que se encuentra el escáner o TAC (Tomografía Axial Computerizada), de gran similitud a la geofísica sísmica que utilizamos para la prospección en el subsuelo. Otras técnicas médicas como radiografías, resonancia magnética, analíticas diversas, tienen su reflejo en el estudio del subsuelo mediante geofísica eléctrica, método electromagnético de dominio de tiempos (S.E.D.T.) y geoquímicas.

Una vez determinada la existencia de un tumor se suele confirmar con una biopsia, entrando quirúrgicamente o mediante endoscopia en la masa tumoral y tomando muestras. El equivalente minero es el sondeo con extracción de testigos.

Por desgracia, aún en los tiempos que corren, existe un personaje, el zahorí o el que, buscando una denominación más científico-tecnológica, se hace llamar radiestesista. Al final se trata de aprovecharse de la necesidad y de la ignorancia propia de tiempos medievales. Por desgracias el zahorí también tiene paralelismo en la Medicina, y como ellos viene de la noche de los tiempos. Es el curandero. Personaje pernicioso donde los haya.

A lo largo de mi vida laboral me he cruzado en varias ocasiones con tan oscuro personaje. Los damnificados tienen también algo en común con los afectados por los curanderos y tanto a unos como a otros se les puede oír decir: “le tengo mucha fe”. Y en la mayor parte de los casos terminan en similares condiciones.

Generalmente el zahorí suele acompañar a mucho sondista que, como mínimo, está demasiado preocupado por “hacer metros”. Si acierta le va bien porque cobra. Si falla también le va bien, cobra menos pero no pone tubería y, en ocasiones, ni hace un correcto abandono del pozo.

Nuestro actual Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque está teniendo el gran acierto de luchar contra las pseudo ciencias. Lástima su campaña no llegue a estos personajes.

 


enero/2019


PUNTO DE VISTA por Fernando Octavio de Toledo y Ubieto (Jubilado. Ex Consejero Técnico de la Dirección General del Agua, Vocal de la Junta Directiva del Club del Agua Subterránea)

Evolución histórica de la gestión de los recursos hídricos subterráneos en España

Cuando recibí el encargo, por parte de mis ilustres colegas de la Junta Directiva del Club del Agua Subterránea, de escribir un artículo con mi punto de vista sobre los recursos de subsuelo, no pude por menos que experimentar una cierta perplejidad, pues ya va para cinco años que pasé a disfrutar de la condición de jubilado y se aproximan a los veinte los que hace que dejé de dedicarme de forma profesional al ejercicio del noble oficio de Hidrogeólogo. Pero, tras dar un repaso a la evolución del estado de la profesión en los últimos tiempos, comprendí que hace falta una cierta perspectiva histórica para opinar sobre las aguas subterráneas en España.

De muy antiguo, las aguas subterráneas han sido utilizadas por el hombre para atender a sus necesidades básicas, crear una agricultura más diversificada y originar sociedades cada vez más complejas En un principio, los aprovechamientos se basaban en captación de surgencias naturales, extracción a partir de pozos someros y drenaje de acuíferos superficiales mediante galerías u obras rudimentarias

La verdadera revolución en su uso estuvo ligada a: la invención de la bomba de turbina, que posibilita la extracción de grandes caudales a grandes profundidades, los avances en la tecnología de construcción de pozos, que permiten incrementar profundidades y diámetros y el desarrollo científico y práctico de la Hidrogeología cuantitativa, que da explicación al funcionamiento de las aguas subterráneas

Paralelamente, el consumo de agua ha aumentado sensiblemente como consecuencia del crecimiento de la población, el desarrollo industrial y la expansión del regadío, a cuya satisfacción han contribuido decisivamente los recursos subterráneos.

Efectivamente, las aguas subterráneas presentan unas características singulares desde el punto de vista de su utilización, de entre las que cabe destacar: amplia distribución espacial de las formaciones geológicas capaces de almacenarlas y transmitirlas; bajo coste de la inversión necesaria para la movilización del recurso, por la facilidad de acceso a la tecnología de perforación y equipamiento; independencia de la gestión derivada por la flexibilidad y rapidez que supone el suministro por pozos; capacidad de adecuación a la demanda, tanto en caudales de extracción como en plazos de entrada en servicio; volante regulador de los embalses subterráneos, que les da un cierto grado de independencia respecto a los eventos climatológicos; posibilidad de explotación controlada de las reservas de los acuíferos; y uso más eficiente al soportar sus propios costes. Estas características han originado una explotación creciente de las aguas subterráneas con una tendencia que, previsiblemente, debería mantenerse en el futuro.

Como consecuencia, a partir de la década de los sesenta del pasado siglo, las aguas subterráneas fueran objeto de estudios e investigaciones cada vez más profundas, merced a lo cual se alcanzaron objetivos de indudable interés y trascendencia: definición de los principales sistemas acuíferos del país, sus características geométricas, sus recursos y reservas y su funcionamiento; perforación de pozos de captación de agua subterránea para abastecimiento a cerca de 2 millones de personas; programación y ejecución de planes de protección y control de acuíferos, mediante el diseño y operación de redes de control piezométrico, de calidad e intrusión y la detección de focos de contaminación; creación de bases de datos informatizadas con más de 100.000 puntos acuíferos; formación de equipos de hidrogeólogos que han transmitido su conocimiento a nuevas generaciones; creación de puestos de trabajo en equipos integrados en empresas consultoras con proyección; desarrollo tecnológico y creación de equipos humanos y técnicos para el diseño, ejecución y dirección de obras de pozos y sondeos de investigación y captación; realización de una amplia labor docente para la transmisión de los conocimientos teóricos y prácticos adquiridos y difusión de la información; asesoramiento a diversas administraciones para contribuir a la toma de decisiones; y puesta a disposición de una gran información básica referente a las aguas subterráneas.

Pero esta aparente robustez del conocimiento y la gestión de los recursos subterráneos tenía los pies de barro y el interés que despertaron en su momento fue decayendo paulatinamente, con la inestimable ayuda de la crisis económica, cuya incidencia en este ámbito ha sido particularmente notable. Esto se manifestó claramente por un creciente deterioro de los aspectos relacionados con la investigación, explotación y preservación de las aguas subterráneas, dejando de prestarse la debida atención e importancia a este recurso, imprescindible, no sólo para mantener la vida y preservar los ecosistemas naturales, sino para la propia economía del país. Esta situación de crisis de las aguas subterráneas tiene sus principales manifestaciones en la muy escasa dotación presupuestaria así como de equipos técnicos y materiales en los Organismos responsables de su gestión, en la falta del necesario control sobre las captaciones subterráneas, en el incumplimiento de los Planes Hidrológicos, en la desaparición de empresas tradicionales del sector, y en la carencia de técnicos hidrogeólogos.

A partir de 2.008 aproximadamente, comenzó una brusca caída de la contratación pública de obras y servicios relacionados con las aguas subterráneas, que repercutió a su vez sobre las empresas produciendo el descenso del empleo de técnicos hidrogeólogos y, finalmente, la ruina e incluso desaparición de muchas de ellas.

Es urgente una toma de conciencia por parte de las Administraciones Públicas que permita adoptar las medidas correctoras oportunas, cuestión esta que no parece encontrarse entre las prioridades del Ministerio para la Transición Ecológica, departamento encargado del desarrollo de las políticas gubernamentales en materia de agua.

Veamos un ejemplo que consideramos suficientemente ilustrativo referido a la Dirección General del Agua, órgano de gestión de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente, entre cuyas funciones se encuentra el seguimiento y control de las aguas subterráneas renovables. En el año 1996 fue suprimida de su organigrama la Subdirección General del Servicio Geológico que, con el Instituto Geológico y Minero de España, había sido el buque insignia de la Hidrogeología española y vivero de expertos en la materia. El Área de Recursos Subterráneos se integró en la Subdirección General de Gestión del Dominio Público Hidráulico donde, paulatinamente, se fue diluyendo. En la actualidad, las aguas subterráneas son gestionadas en la antedicha Dirección General del Agua por un solo funcionario con formación hidrogeológica y rango de Jefe de Servicio.

Parece evidente la gran importancia que tienen para nuestro país las aguas subterráneas, tanto desde el punto de vista socio-económico como medioambiental. Sin embargo, la realidad es que, en los últimos años, no se emplean los medios y recursos adecuados y necesarios para poder controlar y mantener de manera adecuada estos recursos, cuya utilización es tradicional en nuestro ámbito. Para asegurar el futuro de las aguas subterráneas es necesario revertir esta situación, afrontándola desde la preocupación actual pero de manera optimista, pues todavía se está a tiempo de conseguirlo. Sobre todo si se tiene en cuenta que para ello nuestro país cuenta con elementos muy importantes: legislación e instituciones, una generación de profesionales que ha ido transmitiendo su saber hacer en hidrogeología, tradición y un gran interés de la sociedad en las aguas subterráneas.

Y aquí se acaba la historia… Este es el punto de vista apresurado –algo limitado por la presbicia propia de la edad- de quien vivió en primera fila la expansión de este apasionante quehacer y, bien que a una cierta distancia, su declive. La perspectiva no parece particularmente halagüeña, en especial si atendemos a lo que se desprende de conversaciones mantenidas por el infrascrito con altos responsables de la gestión del agua hispana. Las asociaciones profesionales, como el Club del Agua Subterránea en cuyo seno se acogen estas líneas, o la Asociación Española de Hidrogeólogos decana de este movimiento asociativo, poco pueden hacer, aunque acojan a la práctica totalidad de los técnicos que se dedican a este recurso, dados sus propios condicionantes que no hace al caso analizar en estas líneas. Quizás la única solución proceda nuevamente de la iniciativa privada que, consciente de la importancia del recurso y sus indudables ventajas, se lance nuevamente a su exploración y explotación, arrastrando a las administraciones responsables a una toma de conciencia que vuelva a situar donde les corresponde a los recursos hídricos subterráneos.

Madrid, enero de 2019.


junio/2018


PUNTO DE VISTA por Tomás García Ruiz

El olvido de la calidad técnica en la construcción y clausura de los pozos de captación de aguas subterráneas

Si hay un ejemplo que puede ser considerado paradigmático en nuestro país del desfase entre los campos de la ciencia y la técnica, este puede encontrarse en el ámbito de la investigación y el aprovechamiento de las aguas subterráneas. En nuestra opinión este desfase entre la Hidrogeología como ciencia y sus técnicas aplicadas, es evidente en el caso de las actividades de construcción de captaciones para alumbramiento de aguas subterráneas, así como en las labores de cierre de pozos y sondeos, cuando se considera necesaria su clausura.

La cuestión del aseguramiento de la calidad técnica en las labores de construcción y cierre de pozos y sondeos es un aspecto crucial en la gestión de las aguas subterráneas, puesto que toda captación hidrogeológica constituye el canal de acceso desde la superficie del terreno hasta la ubicación de los acuíferos y es necesario garantizar una correcta ejecución de la obra para evitar afecciones negativas cuantitativas y cualitativas sobre las masas de agua subterráneas consideradas. Por otra parte un correcto diseño y ejecución garantiza también el adecuado cumplimiento de todos los aspectos de seguridad y salud que es preceptivo observar en este tipo de obras, y también permite garantizar la optimización de los recursos económicos utilizados.

La Ciencia Hidrogeológica surge como ciencia matematizada, con la consiguiente capacidad predictiva y contrastable a mediados del siglo XIX, con el establecimiento de la formulación básica de Darcy (1856). Esta Ciencia recibe un fuerte impulso en nuestro país a través de distintas instituciones. En primer lugar, y por cuestiones históricas, cabe destacar el papel fundamental del Instituto Geológico y Minero (IGME) en su desarrollo, investigación y divulgación, así como el papel de las Instituciones docentes como las Universidades, y otras sociedades científicas del ámbito de la sociedad civil, además de las actividades que son propias de los organismos competentes de la gestión hídrica, como son las Confederaciones Hidrográficas. Es lógico que se produjera este desarrollo del conocimiento de las aguas subterráneas en nuestro país, dado el interés de la sociedad en la utilización este recurso en España, donde según algunas estadísticas el 22 % de los aproximadamente 30.000 Hm3 de volumen de agua consumido anualmente.

Pero a la situación descrita en el párrafo anterior que muestra un conocimiento cuando menos aceptable (aunque siempre mejorable) de la Ciencia Hidrogeológica no corresponde un adecuado desarrollo de una de sus aplicaciones técnicas fundamentales, como es la ejecución de las obras de construcción y clausura de captaciones hidrogeológicas. Las cifras hablan por sí solas, pues acudiendo a fuentes oficiales se estima que en España hay más de un millón de captaciones hidrogeológicas y de ellas más del 50% son captaciones ilegales (sin contar los pozos que extraen menos de 7.000 m3/año).

Entre las consecuencias que se derivan de la existencia del alto porcentaje de captaciones de agua subterráneas que se han ejecutado sin control técnico legal en nuestro país podemos destacar las siguientes:

  • Incumplimiento de la legislación vigente que exige la realización de un proyecto constructivo y dirección facultativa por técnico competente en las obras de construcción e instalaciones de equipamiento electromecánico de las captaciones hidrogeológicas.

  • Mayor riesgo de accidentabilidad. Además, al ser ilegales, estas obras no están cubiertas por los correspondientes seguros, a los efectos de disponer de respuesta frente a la siniestralidad.

  • Ante un accidente laboral en las obras ilegales se derivan importantes responsabilidades de los promotores y empresas de perforación que realicen los trabajos, de acuerdo con la legislación vigente en materia de Seguridad y Salud.

  • Degradación del estado de la calidad química de las masas de agua subterráneas, debido a la falta de aislamiento de la captación para preservarla de las acciones superficiales.

  • Existencia de captaciones abandonadas que no han sido debidamente selladas y que constituyen vías preferentes de acceso de contaminantes a los acuíferos.

  • Falta de control de los volúmenes de extracción y de la afección al estado cuantitativo de los acuíferos por efectos de sobreexplotación.

  • Sobrecostes importantes en las obras de captación por su realización en terrenos inadecuados desde el punto de vista hidrogeológico, o por perforaciones con profundidades mayores a las requeridas.

  • Falta de diseño adecuado de entubaciones (diámetros y espesores), filtros de grava, cementaciones, etc.

  • Inadecuado diseño de los equipos electromecánicos instalados en las captaciones para la elevación del agua subterránea lo que da lugar a sobrecostes de equipamiento y de bajo rendimiento con consumo energético excesivo.

  • Crisis de sector de las empresas de consultoría, ingeniería y ejecución de obras de perforación, lo que es patente en el paulatino cierre de las mismas y en la precariedad técnica, tanto de recursos humanos como de equipamiento de aquellas a duras penas todavía consiguen mantenerse.

Al analizar las causas de la actual situación de abandono de la técnica constructiva de las captaciones de agua subterránea es claro que un factor fundamental y común a todos los sectores de actividad es la actual crisis económica, que ha dado lugar a una disminución prácticamente total de la contratación pública en este tipo de obras, al ser estas administraciones las que exigían con todo en sus obras el cumplimiento de todos los requisitos técnicos y legales.

Respecto al sector privado, además del efecto de la crisis que ha repercutido en la bajada de precios, también cabe destacar que tradicionalmente en nuestro país este mercado habitualmente no paga la calidad que se requiere en estas obras, probablemente por desconocimiento de las posibles consecuencias de carácter medioambiental indicadas anteriormente. El resultado es la limitación en la calidad del servicio que las empresas de perforación pueden dar, lo que supone el propio empobrecimiento técnico de estas empresas, y el incumplimiento sistemático de la ley en su actividad. En general en la actualidad puede observarse una ausencia total de inversiones e innovación de nuevos equipos y técnicas, lo que está en consonancia con los bajos precios que el mercado privado por la actividad, y que además no se han actualizado desde hace muchos años.

Pero no sólo es la crisis económica y la inercia tradicional del sector privado de las aguas subterráneas, también el actual proceso de solicitud de autorizaciones para alumbramiento del agua subterránea resulta muy complejo y enrevesado para el particular de buena fe que quiere cumplir con la normativa. Y ello no es debido a la inexistencia de legislación referente al uso del agua subterránea, sino más bien al número de actores de la Administración que intervienen, y que al menos son: Ayuntamiento para obtener la licencia de obra, Comunidad Autónoma para el permiso de perforación y equipamiento electromecánico y Confederación Hidrográfica para el alumbramiento de agua. Sucede incluso que a veces las instrucciones que el particular recibe de estos organismos son incompatibles entre sí. Como ejemplo no es infrecuente que el Ayuntamiento conceda para la ejecución del sondeo una Licencia de Obra condicionada a la autorización previa de la Confederación y de la Comunidad Autónoma (que también suele requerir la de Confederación) y al acudir a Confederación, por ejemplo para una autorización de menos de 7.000 m3, la propia Confederación no conceda la autorización hasta haber realizado la perforación, entrando así en un bucle que, en su análisis lógico, resulta irresoluble. El resultado de todo ello es que el privado llega a “perder los nervios” y su actitud puede derivar hacia el incumplimiento normativo y la falta de contratación de empresas con nivel técnico adecuado.

Después de exponer la problemática, sus consecuencias y sus causas, también es preciso finalizar con propuestas de mejora. En primer lugar es necesario que las Administraciones competentes para la autorización vigilancia y control de la ejecución de estas obras garanticen el cumplimiento de la Ley, en cuanto a la obligación de aprobación previa de proyectos de diseño constructivo y dirección facultativa de por técnico competente las captaciones hidrogeológicas. También es imprescindible concienciar a la sociedad en el sentido de que las aguas subterráneas son un recurso hídrico fundamental y que, por lo tanto, preservar su calidad y los acuíferos exige, desde el punto de vista de la sostenibilidad medioambiental la correcta ejecución técnica de las captaciones hidrogeológicas. Finalmente hay una clara necesidad de implantación de una “ventanilla única” para facilitar la actuación de las distintas administraciones competentes de la gestión y tramitación de las distintas autorizaciones.

 


nov./2017


PUNTO DE VISTA por Carlos Martínez Navarrete. IGME. Vocal del Club del Agua Subterránea (CAS)

La protección del agua de consumo humano es aún insuficiente

Es prioritario garantizar la calidad del agua subterránea empleada para consumo humano al ser un elemento fundamental del abastecimiento, especialmente en las poblaciones de menor tamaño. Para alcanzar este objetivo se requieren actuaciones en cuatro aspectos críticos.

La legislación debe priorizar las medidas de protección preventivas, establecimiento de perímetros de protección y zonas de salvaguarda, revertiendo los cambios legales que limitan su aplicación a las masas de agua declaradas en riesgo de no cumplir los objetivos de la Directiva Marco del Agua.

Compatibilizar la extracción del recurso con la actividad socioeconómica de una región, de un modo sostenible, requiere medidas de ordenación del territorio, como la cartografía de actividades permitidas, que contemplen la carga contaminante asumible en cada zona en función de las características del acuífero en que se enclavan las captaciones. El sistema de ordenación del territorio con esa premisa debe ser además fácil y claramente implementable por las autoridades autonómicas y municipales.

En zonas ya fuertemente degradadas la consecución de este objetivo puede ser ya inalcanzable o en el mejor de los casos puede conllevar un elevado coste para revocación de autorizaciones y licencias y otros asociados.

La protección del agua empleada para consumo humano puede abordarse, cumpliendo los requerimientos de la DMA, conforme dos opciones: i) partiendo de la protección del entorno de cada captación individualizada, estableciendo perímetros de protección con un conocimiento preciso de hidrogeología y parámetros hidráulicos característicos de dicho entorno, o ii) delimitando zonas de salvaguarda en la masa de agua subterránea.

Es importante resaltar que la metodología para ambas opciones de gestión está disponible, si bien es importante aplicar la más adecuada al medio captado, con los datos requeridos por el método seleccionado para obtener resultados con suficiente fiabilidad.

Hay que resaltar lo inapropiado que resulta cierta tendencia a utilizar herramientas complejas, cada vez más precisas, pero sustentadas en datos hidrogeológicos de hace décadas, escasamente contrastados y sin actualizar, por lo que es necesario también un esfuerzo técnico y económico para incrementar el conocimiento de los acuíferos en aspectos básicos como son los parámetros hidráulicos y su distribución en los acuíferos.

Por último señalar que la implementación de la protección del agua de consumo humano en el primer ciclo de la Planificación Hidrológica 2009-2015 ha sido claramente insuficiente (captaciones contempladas, metodología empleada para su protección, conocimiento hidrogeológico del medio captado y sus parámetros hídricos representativos en las formulaciones empleadas) y se han producido pocos avances respecto al mismo en el segundo ciclo 2015-2021 por lo que es prioritario subsanar carencias como las reseñadas en las próximas etapas de implementación de la DMA.

 


sept./2017


PUNTO DE VISTA por
Juan José Durán Valsero. IGME. Vocal del Club del Agua Subterránea (CAS)

Una mirada crítica al pasado: aprendiendo de los aciertos y errores en la explotación de las aguas subterráneas en Madrid

Madrid siempre ha sido un referente, para lo bueno y para lo malo. También en el ámbito de las aguas subterráneas, el pasado relativamente reciente de este territorio central ibérico presenta algunos hitos en su investigación y explotación sobre los que conviene hacer algunas reflexiones, e intentar sacar algunas conclusiones. Lo haremos fijando la mirada crítica en cuatro momentos singulares de los últimos 200 años.

El primer hito hidrogeológico fue la construcción del famoso pozo de Mateu, en un momento de pleno auge de los pozos artesianos por todo el territorio nacional. Realizado en 1856 en pleno centro de la villa de Madrid fue un fracaso sonado, debido a la falta de información geológica e hidrogeológica, y conllevó un fuerte desprestigio inicial a las capacidades del acuífero de Madrid de suministrar agua para los diferentes usos, pese a que tradicionalmente Madrid había mantenido el suministro hídrico a través de los famosos viajes de aguas subterráneas, de posible herencia árabe.

El segundo hito hay que situarlo en las primeras décadas del siglo XX. Un ingeniero agrónomo italiano, Rafael Janini, adscrito al Patrimonio Real, llevó a cabo un plan de sondeos artesianos en torno al Palacio del Pardo, por encargo del rey Alfonso XIII, para el desarrollo agrícola de la zona, empleando por primera vez en España una tecnología revolucionaria de perforación de sondeos: la rotación con circulación directa de fluidos. En este caso, con la asesoría del Instituto Geológico y Minero, el plan se convirtió en un rotundo éxito. Las aguas subterráneas de Madrid volvían de nuevo a ocupar el primer plano de la actualidad. Tanto, que hasta se editaron postales conmemorativas de los sondeos surgentes.

Pero no hay dos sin tres, el siguiente hito volvió a traer la desgracia a las aguas subterráneas de la cuenca de Madrid: en el año 1928, el IGME llevó a cabo un sondeo de gran profundidad (más de 1000 metros) en Alcalá de Henares, que aunque encontró agua subterránea, resultó ser de mala calidad debido a las litologías evaporíticas implicadas. De nuevo, la maldición de las aguas subterráneas caía sobre Madrid.

Afortunadamente, en el cuarto momento de esta historia, ya en la parte final del siglo XX, el Canal de Isabel II, con la colaboración de algunas universidades madrileñas, consiguió situar a las aguas subterráneas de Madrid en el lugar que les corresponde, con la ejecución de un número importante de sondeos de excelente calidad en cuanto a su ejecución y su rendimiento, que permiten la existencia de un robusto sistema de abastecimiento a la ciudad de Madrid, basado en el uso conjunto de las aguas superficiales y subterráneas. Errores y aciertos de la historia hidrogeológica reciente, con final feliz.

 


junio/2017


PUNTO DE VISTA por Antonio Pulido Bosch. Catedrático. Vocal del CAS.

Las áreas costeras, las sequías y las desaladoras

Las áreas costeras españolas y muy especialmente las mediterráneas son muy vulnerables a las sequías, con el agravante de que los intentos de mantener el ritmo de las explotaciones de los acuíferos litorales suele desembocar fatalmente en la intrusión marina local o generalizada, agravando el problema, ya que su solución requiere mucho tiempo. Turismo y agricultura extensiva se unen y magnifican en los períodos más secos. Siempre me llamó mucho la atención el mapa elaborado por el IGME en el que se indican con flechas de colores las áreas costeras con intrusión marina localizada o generalizada, constatando que había pocos lugares que no estuvieran señalados.

Las plantas desaladoras aportaron la solución tecnológica a tan grave problema socioeconómico, frecuentemente olvidado tras el período húmedo subsiguiente. Y lo que es más grave, el elevado coste económico –energético- que lleva aparejado el rechazo al uso del agua desalada, especialmente en agricultura, con el argumento de que no es abordable, ha permitido que en muchos casos se hable del efecto perverso de esta solución tecnológica, que en lugar de reducir los bombeos, los aumenta. Si tomamos como ejemplo Andalucía, ninguna de sus 9 plantas funciona a pleno rendimiento y dos prácticamente no funcionan.

Entiendo que además de ir aumentando la eficiencia en el uso del agua, el futuro deberá pasar por la reutilización en regadío de las aguas residuales urbanas tras su tratamiento terciario y desinfección, y un mayor uso urbano de las aguas desaladas. Paralelamente, es imprescindible una decidida apuesta por las energías renovables que permita reducir la factura energética, tan sobredimensionada en nuestro país si la comparamos, por ejemplo, con los Países Bajos. Y eso que a horas de sol nos ganan pocos países.


mayo/2017


PUNTO DE VISTA por Gerardo Ramos González. Vocal del CAS.

Nadie dice la verdad al gran público.

Por supuesto que hay que ir evolucionando a métodos más eficientes, seguros y menos contaminantes en la generación de energía pero…El movimiento ecologista que tanto bien está haciendo por este planeta, en ocasiones me exaspera. Hay un desprecio supino al estudio y reconocimiento. En lo referente al estudio de recursos se ha llegado a impedir trabajos de campo que ni siquiera están relacionados con el fracking...no sea que tengamos un terremoto. Recientemente se ha hablado de un gran descubrimiento de Repsol en Alaska. Sólo ha producido tristeza en ciertos ambientes. Simultáneamente ha habido un terremoto de intensidad 4 en la escala de Richter en Navarra...esperemos que no traten de relacionar ambas cosas.

Los ecologistas no explican claramente su postura y nadie les afea que no digan la verdad, esto es que lo que pretenden es que no se utilice ningún combustible fósil, sea cual sea su procedencia. Lo que hacen es atacar con fuerza al fracking porque lo consideran un punto débil. Deberían explicar a los ciudadanos cómo van a calentarse en el futuro, como van a producir en una situación de pobreza energética. Deberían decirles que quieren prohibir el uso de los vehículos que utilizan combustibles fósiles. ¿Los eléctricos?,...bueno, por ahora se podrían permitir, aunque la electricidad que los mueve también hay que producirla. Hay un "Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria". No es necesario explicarlo mucho. Pero propugnan la extinción de los humanos mediante el compromiso de no tener descendencia. Quizás todo acabe en la castración de recién nacidos.

Los políticos, que únicamente buscan el voto en estos tiempos populistas, toman decisiones contrarias a lo indicado por los técnicos. Y qué decir del temor que se extiende entre los funcionarios. Pocos entienden la incertidumbre del subsuelo, la incógnita minera. El estudio del subsuelo, comparable al estudio del cuerpo humano por parte de la medicina sigue métodos indirectos muy paralelos. Es de esperar que no se prohíban los escáneres como se prohíben pruebas geofísicas sísmicas.


marzo/2017


PUNTO DE VISTA por Fernando López Vera. Vicepresidente del CAS.

Como todos los años la ONU, el día 22 de marzo con la celebración del “Día mundial del agua”, nos invita a reflexionar sobre la conservación y el desarrollo de los recursos hídricos, apelando a la puesta en práctica de las recomendaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo contenidas en el Capítulo 18 de la Agenda 21.

En este contexto no está de más recordar que de 699 masas de agua subterráneas consideradas, según evaluación de los organismos de cuenca, 259 presentan algún riesgo (puntual, difuso o por intrusión) por contaminación química y 164 por extracciones excesivas. Todo señala como causa de ello a una deficiente gestión, pero profundizando más es estas causas, nos encontramos una normativa obsoleta, una administración estructurada para fomentar el desarrollismo y una inercia generalizada para mantener viejos estatus.

No es necesario inventar nada nuevo para acelerar la reversión de la situación de deterioro de las masas de agua subterránea, existen numerosas tecnologías maduras, como la recarga de acuíferos, sofisticados métodos de control y la tan traída y llevada gestión integral de todos los recursos hídricos, superficiales y aguas regeneradas.

Resulta descorazonador que problemas bien diagnosticados en la gestión del agua y con herramientas disponibles, veamos transcurrir los años sin una solución más eficaz.

 

 

 

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