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Última actualización: 26/10/2021

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oct/2021

LOS RECURSOS NO CONVENCIONALES Y SU INTEGRACIÓN
José María Santafé Martínez. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos

  Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos (especialidad: Hidráulica y Energética) por la Universidad Politécnica de Madrid. Ha sido SDG del Servicio Geológico de Obras Públicas, SDG de Planificación y Uso sostenible del Agua y Director del Parque de Maquinaria en la actual DG del Agua. Secretario de la parte española de la Comisión para la Aplicación y Desarrollo del Convenio (CADC) del Convenio de Albufeira. Codirector del “Libro Blanco de las Aguas Subterráneas”. Director, durante varias ediciones, de los Seminarios de Agua en la UIMP (sedes de Alicante y Santander). Profesor de la ETS Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en la Universidad Politécnica de Valencia. Director del libro “Agua y espacios de ocio” (1993). Miembro del Comité de Agua, Energía y Cambio Climático del Colegio Nacional de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.
 

Desde la última década del pasado siglo se ha ido incrementando de manera creciente la utilización en los suministros públicos de los denominados “recursos no convencionales”. La reutilización de aguas residuales se encuentra plenamente asentada tanto en los usos urbanos como en el regadío, aunque quizá sería necesario avanzar en la integración efectiva de este tipo de recursos en el conjunto de las disponibilidades siempre que sea factible. El empleo de aguas desaladas, de incorporación más tardía, debe seguir ese mismo camino, aunque habría que analizar la manera de integrar de manera efectiva su uso, resolviendo algunos problemas y sobre todo determinando sus límites.

Las aguas desaladas tienen un nicho evidente en el sector de los abastecimientos urbanos (sobre todo los turísticos ligados a la estacionalidad) pero todavía no han entrado de lleno, más que de manera marginal y episódica en razón de la necesidad, como instrumento para apoyo en periodos de escasez, que de la convicción de ser un factor estructural de producción, en el regadío. Con todo parece que debería reflexionarse sobre los límites de este recurso muy ligados hoy por hoy a su localización y a la tecnología disponible que, a su vez, es determinante para los costes de producción. Si se pretende potenciar la utilización de las aguas desaladas no debería hacerse a través de un sistema generalizado de subvenciones que podría derivar en políticas de oferta.

Lo que es evidente es que muchas unidades de consumo utilizan ya aguas de diferentes orígenes, aunque de manera yuxtapuesta, y este número va a ser creciente en el futuro. Parece razonable pensar en configurar la oferta en lo que podríamos llamar un mix hidráulico que permita, para obtener un aprovechamiento óptimo (con visión de medio plazo) de los recursos disponibles.

Es indudable que este planteamiento de integración choca con los sistemas actuales de asignación del derecho al uso del agua, pero no es menos cierto que para sacar adelante estos planteamientos hay que hacer una lectura tanto de los aspectos jurídicos como los económicos (como repartir los costes de manera que nadie salga sensiblemente perjudicado sobre la situación no integrada), la mejora de las garantías que tal situación comporta y los efectos ambientales.

 



sept/2021
PLAGIO Y AUTOPLAGIO EN HIDROGEOLOGÍA
Rafael Fernández Rubio. Dr. Ingeniero de Minas. Catedrático Emérito de la Universidad Politécnica de Madrid, y Ex Presidente del Club del Agua Subterránea.
 

Premio Rey Jaime I a la Preservación del Medio Ambiente. Dr. Honoris Causa por la Universidad de Lisboa y por la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima. Magna Dedicatio Recognitia Est concedida por el Instituto de la Ingeniería de España (IIE). Miembro de Honor de la Asociación Nacional de Ingenieros de Minas (ANIM). Millenium Hydrogeologist otorgado por la International Association of Hydrogeologists (IAH). Premio a la Trayectoria Profesional en Hidrogeología y sus Aplicaciones (AIH-GE). Founder & Honorary President de la International Mine Water Association (IMWA). Fundador y Presidente Vitalicio de la Asociación Iberoamericana de Enseñanza Superior de Minería (AIESMIN). Fundador de los simposios sobre el Agua en Andalucía (SIAGA), y de los simposios sobre Tecnología de la Intrusión del Agua de Mar en Acuíferos Costeros (TIAC). Miembro del Alto Consejo Consultivo en Investigación, Desarrollo e Innovación de la Presidencia de la Generalitat Valenciana. Miembro del Consejo Científico del Instituto IMDEA Agua y Presidente de la Fundación IMDEA Agua.

 

En la ética, de los hidrogeólogos, que nos corresponde a todos sostener y difundir, el problema más denigrante a erradicar es el que se refiere al plagio (e indirectamente al autoplagio), que gravita sobre muchos de los que, por una u otra razón, escriben sobre aguas subterráneas.

El primer caso que me impacto, cuando llevaba poco tiempo en el quehacer hidrogeológico, ocurrió cuando andaba enfrascado en la lectura de un nuevo libro de la especialidad, de autor español, recién aparecido en las librerías. En uno de los capítulos incluía una tabla para cálculo de aforos y, a su pie, con honestidad, expresaba su agradecimiento a otro autor español, que le había autorizado a reproducirla de su propio libro… Hacía poco tiempo yo la había consultado, en una publicación del USGS, en su versión original, de donde la copió aquel autor que, sin hacer referencia al colega estadounidense, se permitió dar autorización para reproducirla, después de haberla él plagiado sin rubor alguno...

Pienso que, si hacemos memoria, encontraremos multitud de ejemplos de plagio en nuestra experiencia. Tal vez la mayor abundancia se encuentra en los estudios e informes técnicos de consultores y consultorías, donde es harto normal leer, por ejemplo, copias apócrifas de las descripciones incluidas en las Memorias de las Hojas Geológicas publicadas por el IGME, o de estudios previos de otros consultores o autores, a los que se copia ocultando vilmente la real autoría, o dejando apenas una sutil cita, que por supuesto no da idea de la magnitud de la copia. Y es más, se copian mapas y figuras, y se les hace cualquier retoque, para añadir al nombre del autor la coletilla de “modificado por…”.

El tema lejos de irse reduciendo va “in crescendo”, y lo hace más al socaire de ese fácil “cortar y pegar”, que se ha hecho tan habitual a partir de Internet.

He encontrado, incluso fotografías propias, y hasta figuras, que el copista se ha tomado el duro trabajo de borrarle logotipos y firmas, si las tenían y, por supuesto, no se ha tomado el trabajo más leve de mencionar al verdadero autor. Actitudes que ahora esos copistas lo hacen en conferencias que se brindan “en abierto”, y se suben a “YouTube”.

Pero es más, los que dedicamos muchas horas a leer y a corregir, con frecuencia hemos visto que las referencias estarían bien dadas, si todos fuesen honrados, porque frecuente es el caso de que el autor citado, no fue ético, y al no mencionar sus fuentes borra la huella del antecesor, que fue realmente “la madre o el padre de la criatura”.

Mis alumnos no me dejarán por embustero, si dicen que no me han oído frases como “no ponerse plumas ajenas” o “dar al César lo que es del César”… Porque, además, los copistas sí que enarbolan rápidamente la autoría real, cuando se detecta un error que a ellos les puede envolver. A este respecto podría traer a la memoria Proyectos realizados para determinadas Administraciones, en los que tenía que aparecer como “Autor del Proyecto”, quien a lo sumo había sido el “Director” del mismo; que, por supuesto, estaba presto a culpar de ese error a quien desde luego no figuraba como autor.

Todo ello merece una reflexión, un examen de conciencia y un propósito de la enmienda… porque todos podemos haber incurrido en este desacato a la ética y ataque frontal al honor.

Y, cuando he hablado de honor, quisiera recordar lo que reza la primera acepción del diccionario de la Real Academia Española: “Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”, porque en esos deberes de “uno mismo” entra en liza el denominado “autoplagio” (traducción del self plagiarism de nuestros colegas anglófonos). Palabra que para la misma RAE no está semánticamente justificada, porque plagiar es “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”, y estos “autoplagiadores” se copian a sí mismos.

Si se me concede la licencia de utilizar este “palabro”, por no encontrar un sustituto adecuado, diría que ese autoplagio es también defecto a veces frecuente en nuestros doctorandos e incluso en algunos de nuestros más preclaros hidrogeólogos. Tras realizar una Tesis, o una investigación, o un estudio, multiplican sus publicaciones, cambian ligeramente el título, añaden o quitan algunos contenidos, y tal vez lo publican en otra lengua… y estos “autoplagiadores” quieren aparecer como los números uno entre los estudiosos, y como los super especialistas, cuando realmente se autocopian y se auto citan. Tal vez su ego sube en una autocomplacencia que, vista desde fuera, es bochornosa. Normalmente su capítulo de bibliografía es extenso en sus auto citas, al tiempo que, con frecuencia, excluyen sistemáticamente a otros autores, que no son de su complacencia. Hoy, las grandes editoriales internacionales, tienen programas informáticos que detectan esos bochornosos plagios y autoplagios, como paso previo a la “peer review” (revisión por pares), que es muy de agradecer cuando se asume la responsabilidad de ser Editor de una revista.

Con estas reflexiones, escritas a vuelapluma, doy cumplimiento al ruego de un amigo tan excelente como Juan Antonio López Geta, que me las pidió para la página web del Club del Agua Subterránea, entidad de la que con orgullo presumo, y de la que tuve el honor de ser su primer Presidente.

Y, al poner punto final, a este largo monólogo, quiero desear a todos los hidrogeólogos lo mejor, en su desempeño; y lo hago desde el frontispicio de una muy larga trayectoria, uno de cuyos hitos fue ser el primer Catedrático de Hidrogeología de la Universidad Española.

A todos y a todas, desde lo más profundo del corazón: ¡¡¡AMIGOS PARA SIEMPRE!!!

 



junio/2021

LA GOBERNABILIDAD DEL AGUA EN EL MUNDO
Dr. Carlos Fernández-Jauregui. Director de Water Assessment and Advisory Global Network (WASA-GN)

 

Carlos Fernández-Jáuregui es Doctor Ingeniero en hidrología, especialidad en gestión de recursos hídricos, por la Universidad Técnica de Berlín (TU-Berlín). Dr. Ing. (Certificado Nº 638): American Institute of Hydrology, St. Paul, MN, USA. Actualmente es Director de Water Assessment and Advisory Global Network (WASA-GN), un organismo internacional y dispone de una red de profesionales en temas de agua de carácter multidisciplinar y Coach para la Comisión Europea en el programa Horizonte 2020 y Horizonte Europa. Ha sido director de la Oficina de Naciones Unidas de apoyo al Decenio Internacional para la Acción “El agua, fuente de vida” 2005-2015, En Zaragoza, España y director adjunto del Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos (WWAP) de las Naciones Unidas, en Paris, Francia. Hidrólogo regional del Programa Hidrológico Internacional (PHI) de la UNESCO en Montevideo y Director del Instituto de Hidráulica e Hidrología UMSA-La Paz/TU-Berlín. Profesor Titular TU-Berlín/UMSA-La Paz y Profesor visitante en universidades de: Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, América latina y el Caribe. Publicaciones: Los dos Informes Mundiales del Agua de ONU -WWDR I y II 2003 y 2006 además de otras en libros y revistas científicas. más información google.com

 

El 2003 en Kioto Japón, se lanzó el primer Informe Mundial sobre la Gestión de los Recursos Hídricos: AGUA PARA TODOS, liderado por la UNESCO y con la participación de 23 agencias del Sistema de Naciones Unidas dentro del programa WWAP (por sus siglas en Ingles). En ese informe y por primera vez se presentó el estado del Recurso a nivel país, región, continente y mundial, también se llevó a cabo una identificación de los diferentes usos del agua, sus problemas, posibles soluciones y ver el siglo XXI con mayor conocimiento que el siglo pasado.

 

 

El informe logró su objetivo de utilizar indicadores de tal forma que la información obtenida, era resultado de datos obtenidos de los 197 países, mas 100 universidades líderes en el tema agua y un sin número de organismos no gubernamentales y todo el sistema de las Naciones Unidas.

 

 

La conclusión mayor de este informe nos dijo que había una crisis en el mundo del agua a nivel global y que se trataba de su GOBERNABILIDAD. Se hizo una revisión cuidadosa del tema y se identificaron los indicadores más importantes para afirmar cuando un país dispone de una Gobernabilidad del agua y se identificaron 5 condiciones “sinequanon”:

  1. La gestión del agua se debe llevar al más alto nivel en el estado y debe ser neutro. (ministerio del agua, Agencia del agua o Comisión nacional, etc.)

  2. Disponer de una legislación moderna, que incluya el avance del conocimiento, que sea de dominio público y que la unidad de gestión sea solo la cuenca hidrográfica y/o el acuífero.

  3. Disponer de los recursos humanos idóneos en términos de calidad y cantidad en todo el espectro del conocimiento.

  4. Disponer de los recursos económicos exclusivos para las diferentes actividades e infraestructuras hidráulicas del país.

  5. Disponibilidad la información confiable, de libre circulación y accesible sobre el agua para toda la población.

Como se puede observar son condiciones que según el grado de desarrollo económico del país se cumplen algunas de ellas, pero lamentablemente hemos visto como en la mayoría de los casos, los gobiernos (salvo excepciones honrosas), no les interesa cumplir la primera condición y esto hemos observado en forma sistemática desde hace 18 años. Hace 20 días atrás, el presidente Pinera en Chile, firmó un proyecto de ley que crea el Ministerio de Obras Públicas y Recursos Hídricos, como podrán observar se sigue cometiendo el mismo error: crear la autoridad, pero siempre incluyendo algún usuario del agua. En otros casos se vincula con el medio ambiente, la energía, el regadío, etc.

La pregunta es: ¿porque se comete el mismo error en los países ricos y en los menos ricos?  parece que la respuesta es: ¡el crear una autoridad de agua neutra, da mucho poder político a esta institución y los otros ministerios no aceptan esta situación ya que le parece que se crea un poder asimétrico!  Que no gusta ni a los jefes de estado ni a sus colaboradores inmediatos.

 



junio/2021

¿ES SOSTENIBLE EL ACTUAL USO DEL AGUA EN EL SE ESPAÑOL?
Dr. Antonio Pulido Bosch. Catedrático. Vocal del Club del Agua Subterránea (CAS)

 

Licenciado y Doctor (1977) en Geología (Hidrogeología) de la U. de Granada. Actualmente es catedrático emérito de Geodinámica en la Universidad de Almería (desde 1997); Autor o editor de 24 libros, cerca de 700 artículos científicos publicados en revistas y conferencias nacionales o internacionales. Director de 28 tesis de doctorado y más de 30 tesinas. Responsable de más de 30 proyectos competitivos y 100 contratos de investigación. Defensor Universitario de la Universidad de Almería durante 6 años. Ex presidente del Club de Agua Subterránea (CAS). Miembro Honorario de la Sociedad Polaca de Geología.

 

Resulta muy paradójico que el sector más seco de la península ibérica sea el que más producción agrícola tiene. El SE español tiene una intensa agricultura y un desarrollo turístico que es a todas luces insostenible, y lo ha sido desde hace más de 50 años. Esta falta de sostenibilidad se magnifica cada 10 o 12 años, período de retorno de las sequías “normales” en los que -como pasa este año- se acude a la administración central para reclamar que les llegue mucha más agua del trasvase. Es lo que ha hecho recientemente el consejero de Agricultura de la Comunidad de Murcia. La pintada AGUA YA, bien visible en la Comunidad de Murcia desde final del siglo pasado, surge tras vaciar los pocos acuíferos ampliamente sobreexplotados. Lo que sucede es que normalmente esas sequías reducen considerablemente las aportaciones de todos los ríos. Y por si fuera poco, la apuesta salvaje por el turismo vino a complicar notablemente la sostenibilidad del recurso agua. Y cada decena de años hay un evento extraordinario que arrasa las áreas costeras llanas, provocando -en bastantes casos- numerosos daños, y muchas muertes.

 

 

Y desde hace varias decenas de años se habla del cambio climático y del cambio global de consecuencias estimadas, pero no conocidas exactamente. Pensemos en las centenas de millares de km2 cubiertas de asfalto, de hormigón, de edificios que han modificado todos los parámetros del terreno. Todo ello multiplica el efecto destructor en crecidas que en un medio natural habrían sido ignoradas. Paralelamente, el crecimiento casi exponencial de la población mundial genera nuevas incertidumbres.

La tecnología se supone que da soluciones a casi todos los problemas. Y para el agua, la desalación parece una buena solución. Pero el binomio agua y energía se complica enormemente. Con medio centenar de desaladoras en la península, funcionando a tiempo parcial, y miles de desalobradoras de pequeño tamaño, muchas de ellas subvencionadas por los ministerios implicados, parecería que el problema de la falta de agua estaría solucionado. Pero no solamente no lo resuelve, sino que ha provocado otros; las pequeñas desalobradoras arrojan el rechazo, de alto contenido salino, aguas debajo de la instalación, provocando un notable aumento de la salinidad.

Además, el aparente aumento de la oferta de agua viene frecuentemente acompañado de un aumento de la demanda, por la transformación de nuevas tierras de secano, o la transformación de espacios protegidos, como ha sucedido en el entorno del Mar Menor, que este año ha sufrido un empeoramiento de la calidad de sus aguas, la muerte masiva de peces y la eutrofización espectacular de sus aguas, ya anunciada y denunciada por numerosos científicos y ecologistas. La Manga del Mar Menor, densamente ocupada por hoteles y otras instalaciones turísticas, ha jugado también un notable papel, al impedir o dificultar el intercambio hídrico entre el Mediterráneo y el Mar Menor. Si unimos a todo eso la subida del nivel del mar como consecuencia del calentamiento del planeta, acompañado de la rápida fusión de los casquetes polares, se comprende que las playas empiecen a desaparecer y que proliferen los diques y espigones. Estos pretenden reducir los daños, aunque frecuentemente lo que hacen es desplazarlos.

Algunas soluciones tecnológicas apuntadas para la reducción de daños por eventos extremos son teóricamente conocidas desde hace varias décadas. En su momento me llamó mucho la atención que, en Lovaina la Nueva, en Bélgica, obligaran a todas las nuevas obras a construir depósitos almacenadores de aguas pluviales. Si un ciudadano lavaba su coche con agua de la red era multado. La decisión del municipio de El Ejido de poner colectores de agua o pozos filtrantes en los invernaderos es un intento de recuperar parte del agua de escorrentía que los plásticos provocan en el Campo de Dalías. Eso y el posible aprovechamiento de las graveras de los abanicos aluviales para utilizarlas como estructuras de infiltración, son obras “blandas” que permiten un mejor aprovechamiento de las aguas de escorrentía y reducen posibles daños por las crecidas.

Otras soluciones bien conocidas son los asfaltos y hormigonados porosos, la construcción de sistemas de gestión del agua pluvial en autopistas y carreteras, con depósitos laterales en cascada que retienen arrastres y que terminan con una especie de balsas. Los cada vez más frecuentes eventos extremos requieren de la puesta a punto de soluciones ingeniosas; en el sudeste español se ha visto que los grandes embalses no son una buena solución, ya que embalses como el del Almanzora permanecen vacíos o simplemente dan de beber al sol.

Los grandes retos que afrontan las zonas semiáridas serían el cambio climático, los aumentos de la demanda, de los residuos y vertidos, la regeneración, las megalópolis, la sobreexplotación, el equilibrio de los ecosistemas, el ahorro de agua, la reutilización … Todo ello requiere de una gran transparencia, participación ciudadana la corresponsabilidad y un seguimiento de la aplicación de las normas. Hay que poner a punto colectores de aguas pluviales, recuperar los aljibes, lechos de derivación, en el medio rural… Y en áreas urbanas, poner superficies filtrantes, superficies vegetadas, pavimentos permeables, asfaltos y hormigones porosos, soleras abiertas y balsas de infiltración. En cualquier caso, queda claro que las aguas subterráneas juegan un papel básico en la gestión de los recursos hídricos en regiones semiáridas.

 



abril/2021

LAS RESERVAS NATURALES SUBTERRÁNEAS, UNA NUEVA FIGURA DE PROTECCIÓN DERIVADA DEL REGLAMENTO DEL DOMINIO PÚBLICO HIDRÁULICO
Dr. Juan José Durán Valsero. Vocal Club del Agua Subterránea (CAS)

 

Licenciado en Ciencias Geológicas (Universidad de Granada), Doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Máster en Administración Pública (UCM), Especialista en Economía del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (Universidad de Alcalá) y Diplomado en Defensa Nacional (CESEDEN). Es Investigador Científico de OPI, con destino en el Departamento de Investigación en Recursos Geológicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), donde ha ocupado diversos puestos directivos.

Es Académico Correspondiente de la Academia Malagueña de Ciencias, y colaborador de la Real Academia Española de Farmacia (Comisión de aguas minero-medicinales y termales). En la actualidad es vocal del Club español del Agua (CAS), Vicepresidente de la Asociación Internacional de Hidrogeólogos-Grupo Español (AIH-GE), Vicepresidente de la Asociación de Cuevas Turísticas Españolas (ACTE), Presidente de la Asociación Iberoamericana de Cuevas Turísticas (actiba) y Presidente de la Fundación Fomento y Gestión del Agua.

Ha dirigido y participado en numerosos proyectos de investigación sobre Hidrogeología, Geomorfología. Medioambiente y Gearqueología. Coautor de más de 50 artículos publicados en revistas internacionales (SCI), ha impartido conferencias en numerosas universidades y centros de investigación españoles y extranjeros y dirigido cuatro tesis doctorales. Es codirector de la Unidad Asociada entre la Universidad de Málaga y el IGME denominada “Estudios Hidrogeológicos avanzados”. Ha recibido diversos premios y distinciones en el ámbito de la investigación y en el profesional.

 

En España existen numerosas figuras de espacios natrales protegidos, en torno a unas cuarenta, amparadas o derivadas de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, así como del amplio corpus normativo de las diferentes comunidades autónomas en materia ambiental y de protección de la Naturaleza.

Mediante esas figuras, y algunas otras derivadas del marco europeo o de convenios internacionales, se han declarado hasta la fecha unos 2000 espacios naturales protegidos, de distinto tamaño, rango de protección y valores a proteger.  El agua en general y el agua subterránea en particular son elementos protagonistas en un buen porcentaje de dichos espacios, pero hasta la fecha nunca se habían declarado espacios protegidos por el agua en sí, como recurso principal a proteger.

En fechas recientes se han aprobado algunas normas que posibilitan esa protección directa del recurso hídrico. En concreto, la modificación de Reglamento del Dominio Público Hidráulico mediante el RD638/2016, establece, en su artículo 244 bis, las denominadas “reservas hidrológicas”, como un tipo de figura de protección sectorial, derivada de la Ley de Aguas de 1985.

Estas reservas son muy poco conocidas y aplicadas de forma muy irregular en las distintas demarcaciones hidrológicas españolas. Las reservas hidrológicas son ríos, tramos de ríos, lagos, acuíferos, masas de agua o partes de masas de agua, declarados como tales por sus especiales características o debido a su importancia por su conservación en estado natural.

Dichas reservas se clasifican en tres tipos: reservas naturales fluviales, reservas naturales lacustres y reservas naturales subterráneas.

De las primeras se han declarado hasta el momento actual 227, de las segundas, ninguna, mientras que las terceras se encuentran en este momento en fase de estudio y propuestas.

Las reservas naturales subterráneas son aquellos acuíferos o masas de agua subterránea en las que, teniendo unas características de representatividad relacionadas con su origen y otras de índole geológica o hidrogeológica, así como una conexión con los ecosistemas terrestres asociados, las presiones e impactos producidos como consecuencia de la actividad humana no han alterado significativamente su estado natural.

En el año 2020, la Dirección General del Agua llevó a cabo un primer análisis de las posibilidades de declaración de una serie de reservas naturales subterráneas en algunas cuencas hidrográficas españolas peninsulares.

Tras el mismo, se propusieron quince reservas naturales subterráneas, en ocho demarcaciones hidrográficas: Miño-Sil, Cantábrico Oriental, Cantábrico Occidental, Duero, Tajo, Guadalquivir, Júcar y Ebro.

 

Manantial del río Cadagua, en la demarcación del Cantábrico Oriental,
una de las reservas hidrológicas subterráneas propuestas (foto: TRAGSATEC)

 

La mayor parte de las propuestas se centraban en la protección de fuentes o manantiales situados en cabeceras de ríos y sus zonas de recarga. El Instituto Geológico y Minero de España, a propuesta de la Dirección General del Agua (DGA), realizó una valoración de las mismas, concluyendo que la mayor parte de ellas (nueve) eran adecuadas para su protección, aunque prácticamente todas necesitaban estudios adicionales para la delimitación precisa de su área de protección. Las seis restantes no parecieron adecuadas, por diversos motivos (afecciones antrópicas, en la mayor parte), y se propusieron otras seis áreas en sustitución de las primeras en las mismas cuencas hidrográficas.

En la actualidad, se está a la espera de que la DGA proceda a la declaración definitiva del primer grupo de reservas naturales subterráneas españolas, una figura que probablemente se desarrollará mucho más en el futuro inmediato, contribuyendo a la protección del patrimonio hidrogeológico de las todas las demarcaciones hidrográficas españolas, tanto peninsulares como insulares.

 



marzo/2021

LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS Y LOS PLANES ESPECIALES DE SEQUÍA
Miguel Martín Machuca. Ingeniero de Minas. Hidrogeólogo

 

Ingeniero de Minas por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid. Más de cuarenta años trabajando en hidrogeología. Se inicia como profesional en el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) participando en el Proyecto de Investigaciones Hidrogeológicas de la Cuenca del Guadalquivir 1965-1974 que fue financiado por el Gobierno Español y las NU y realizado por el IGME y la FAO. Posteriormente ha participado en numerosos proyectos relacionados con la investigación, aplicación y gestión de las aguas subterráneas, destacando en este sentido como líneas de investigación preferentes: Caracterización de acuíferos de la Cuenca Baja del Guadalquivir: Desarrollo de sistemas de experimentación de recarga artificial de acuíferos; planificación y gestión; el agua subterránea y el medio ambiente; el agua subterránea como fuente de abastecimiento urbano. Ha sido Jefe de la Oficina de Proyectos del IGME en Sevilla (1973-2010). Así como representante del IGME en diferentes organismos e instituciones, como Junta de Gobierno de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Patronato de Doñana, Comité Andaluz de Humedales. Desde el día 2 de febrero de 2010 ha pasado al estado de jubilado.

 

Las sequías hídricas son hechos climáticos recurrentes en el tiempo y en el espacio que forman parte normal del clima mediterráneo.

En Andalucía, cuando dos o más años secos se suceden, la sequía implica una reducción de los recursos hídricos disponibles, tanto para usos vitales como económicos. Por esta razón es necesario disponer de Planes Especiales de Sequia actualizados que incluyan instrumentos   para adaptarse y mitigar los efectos de estos fenómenos climáticos. Evidentemente su incidencia negativa es tanto mayor cuanto más tiempo duran y cuanto mayor es el territorio afectado.

Los Planes Especiales de Sequía, en lo que afecta a los abastecimientos públicos de agua potable, allí donde sea posible, por la existencia de acuíferos, de capacidad y calidad suficientes, deben incluir necesariamente las medidas que hagan posible la aportación de los recursos hídricos subterráneos en situaciones de sequía; bien como solución o bien como complemento a un sistema de abastecimiento regularmente establecido.

Cuando se produce una sequía los cursos de aguas superficiales, disminuyen su caudal o se secan; los embalses no se llenan. La afección a las aguas superficiales es inmediata. Sin embargo, la afección a las aguas subterráneas se atenúa, es mucho más lenta. Los acuíferos subterráneos, por sus propias características y extensión, pueden asimilar un periodo seco sin que su respuesta a la explotación se vea seriamente afectada. Estos hechos, aparte de otros, son los que dan valor a las aguas subterráneas como recurso complementario para atender la demanda de un abastecimiento público de agua potable en situaciones extraordinarias, provocadas por una sequía u otro tipo de incidencias que pudieran sobrevenir.

La incorporación de las aguas subterráneas al sistema de abastecimiento público de agua potable, siempre debe ir precedido por un proyecto que, en síntesis, contenga:

  • Estudio Hidrogeológico (si no existiera)

  • Plan de captación: Ubicación de obras, diseño de las mismas, ejecución, evaluación y programa de explotación.

  • Mantenimiento y conservación en el tiempo de las infraestructuras creadas.

  • Medidas de protección (perímetros de protección o de salvaguarda).

Al producirse una sequía, dada la urgencia y necesidad de actuar, se toman una serie de medidas, no siempre suficientemente meditadas, que cuando se ha superado y se vuelve a la normalidad, se olvidan. Este es el caso de muchas obras de captación de aguas subterráneas construidas expresamente con esa finalidad. Cuando ha vuelto la sequía, que siempre vuelve, aquellas obras e infraestructuras que llevan anexas, se encuentran en un estado de conservación que las hace poco utilizables, teniendo que “volver a empezar”, con el coste económico adicional y falta de respuesta inmediata. Por esta razón es imprescindible disponer y aplicar un plan de conservación y mantenimiento que permita utilizarlas eficientemente cuando así lo exijan las circunstancias.

 



enero/2021

AUN NO ESTAMOS EN LA LUNA, PERO CASI…
Dr. Fernando López Vera. Vicepresidente del CAS

 


1970-73 Becario en IBERGESA, Diplomado en hidrogeología y Dr. en Geología Económica por la UCM (1975). Ha desempeñado labores docentes y de investigación durante 45 años como profesor encargado de curso, ayudante y adjunto en la UCM y UAM, en 1985 obtiene la cátedra en la Universidad de Salamanca y en 1987 en la Autónoma de Madrid. En la actualidad jubilado. Jefe provisional de la Sección de Recursos Hidráulicos en el CSIC (1977-79). Miembro de la AGID, de la IAH y de ADECAGUA desde 1974. Promotor de la AGE y la AEH, SGE y CAS de la que es Vicepresidente 1º y Fundación para el Fomento y Gestión del Agua de la que es Presidente. Ha sido coordinador de recursos hídricos para Iberoamérica del CYTED (1982-92) y del Grupo de trabajo en aguas subterránea del Ministerio de Medio Ambiente (2005-08.)

 

Esta no es una cuestión que ocupe ni preocupe en la actualidad a nuestra comunidad de hidrogeólogos, pero no está de más reflexionar sobre ello.

En una fecha tan próxima como el 2024 la NASA tiene prevista la misión “Afrodita” que muy posiblemente será liderada por la geóloga Jessica Watkins. La misión Afrodita llevará de nuevo al hombre a la Luna, esta misión debe resolver diversas cuestiones de logística y entre ellas la del suministro de agua, que allí es tan vital como en nuestro planeta.

Esta misión se considera que constituirá el prólogo de lo que probablemente sea la primera fase de colonización de nuestro satélite.

 

Plan de la NASA para transformar a Marte en un planeta habitable para los seres humanos. Marte en el pasado y ahora, según una ilustración de la NASA. El planeta rojo tuvo en el pasado una atmósfera y océanos (Ilustración CAS extraída de Google)

Hasta hace apenas 60 años se consideraba que el agua solo existía en nuestro planeta (en los tres estados conocidos, solido, líquido y gaseoso), sin embargo, la investigación astrofísica y planetaria ha puesto en evidencia que el agua es una sustancia muy abundante en el universo, desde las nubes interestelares a multitud de otras formas y estados. Así, existen múltiples evidencias de la existencia de agua en Marte, no solo en su pasado, sino también en la actualidad. Aparte de su existencia en el casquete sur-polar formado por hielo de clastrato (H2O+CO2), se ha probado la existencia de un permafrost e incluso se especula de la existencia de agua líquida subterránea.

También, en la Luna, las diversas exploraciones robotizadas, han venido acumulando evidencias de la existencia de agua en diversos estados y en distintos ámbitos lunares.

En 1961 Caltech Kenneth Watson y otros, plantearon la hipótesis de la existencia de agua en la Luna, pero no fue hasta la misión Apolo 14 (1971) y Luna 24 (1978) cuando estas hipótesis empezaron a tomar forma. La publicación por investigadores del Instituto Vernadsky de geoquímica en 1978 del hallazgo de moléculas de agua en el regolito a 118 y 184 cm de profundidad, constituyen la primera evidencia científica de su existencia. Las sucesivas misiones por parte de EEUU y la URSS (Rusia) en (1994, 1999,2005 y 2006), así como las de Japón e India (2008) y China (2009) han permitido configurar un mapa “hidrológico” de la Luna.  Que se sistematizara mediante la futura misión del orbitador Traiblaizer, que realizara una prospección sistemática.

Las evidencias acumuladas han permitido establecer el estado físico-químico, sus orígenes y distribución espacial del agua en la Luna.

Hasta la fecha se han identificado dos orígenes potenciales y formas distintas de agua lunar: la aportada por los cometas y otros cuerpos, portadores de agua que impactan contra la Luna y la producción in situ.

La primera sería similar al aporte de agua a nuestro planeta en la fase primigenia de acreción y posteriormente en las fases cataclismicas. Esta agua podría quedar enterrada como lentejones en el regolito lunar o acumulada en los fondos de los profundos cráteres polares.

El mecanismo propuesto para la producción in situ, ocurriría cuando los iones de hidrógeno (protones en el viento solar) se combinan químicamente con el oxígeno constituyentes de óxidos y silicatos, quedando atrapada en las redes cristalinas de los minerales lunares.

Incluso se ha teorizado sobre un posible ciclo del agua lunar, similar al que se produce en Marte.

En las zonas iluminadas de la Luna el agua libre, aportada por impacto o producida por la acción del viento solar, no puede persistir pues la radiación solar la eliminaría dividiéndola en sus elementos constituyentes, hidrogeno y oxígeno, que luego escaparían al espacio. Sin embargo, a través de un proceso de evaporación y condensación podría migrar a áreas polares permanentemente frías a -170 ºC, que actuarían de trampa, acumularse allí como hielo.

Este mecanismo hipotético de trasporte y atrapamiento, es uno de los objetivos de investigación.

Estamos, sin lugar a duda, apunto de alcanzar uno de los grandes objetivos estratégicos de la humanidad cuyos orígenes se remontan a finales de los años 50 del siglo pasado, en el clímax de la guerra fría. A iniciativa de la Unión Internacional de Uniones Científicas, se desarrolló el Año Geofísico Internacional (AIG) (1957-59) que aunó el esfuerzo coordinado de más de 30.000 científicos de 66 países en la investigación de nuestro planeta, utilizando por primera vez sofisticada instrumentación científica-heredera de desarrollos militares- de forma masiva. El resultado fue un enorme salto adelante en el conocimiento de nuestro planeta, desde la estructura de la tierra y la formulación de la Tectónica de placas, al conocimiento de los fondos oceánicos y la hidrogeología, o la estructura y dinámica atmosférica con los primeros vuelos espaciales.

En la década siguiente, estos conocimientos fueron asimilados y se tomó conciencia de la fragilidad y limitaciones de nuestro planeta, fue la década de la ecología y el ecologismo. Y en los 70, tras los trabajos del Club de Roma, la Conferencia de Estocolmo, y posteriormente el Informe 2000 y muchos otros, se asumió la evidencia ecológica de que la extinción de comunidades se producía por la sobrepoblación, que originaba escasez de recursos y acumulación de residuos. Y que la comunidad humana no escapaba a este modelo.

Por entonces se estimó la carga máxima de nuestro planeta en 10. 000 millones de habitantes y se puso fecha de caducidad a nuestra civilización.

Para tratar de prolongar este fatal desenlace se pusieron en marcha campañas de control de natalidad que fueron ineficaces y ante la imposibilidad de modificar nuestro modelo de desarrollo económico, surgieron dos ideas estratégicas “el desarrollo sostenible” fruto de un conocido informe como medida paliativa, para alejar el fin lo más posible y el “crecimiento hacia el espació”, fruto de otro informe menos conocido, como solución a largo plazo.

Resultado del segundo, fue la creación de la Planetologia como disciplina en la mayoría de los centros de investigación en los países desarrollados y la reorientación de la investigación espacial, surgida del AGI, en un “Programa espacial” que fijaba los nuevos objetivos en la obtención de recursos y el asentamiento humano en los cuerpos planetarios próximo.

En la actualidad más de una veintena de países tiene acceso a la tecnología espacial y los más avanzados desarrollan programas específicos de minería de metales vitales para nuestro desarrollo tecnológico y de Helio-3 como combustible para la casi decena de centrales de fusión nuclear existentes en fase experimental.

Para implementar estos proyectos es fundamental progresar en el conocimiento de agua en los planetas próximos y de los instrumentos para su investigación y esto forzara, seguramente, un cambio de paradigma en nuestra concepción del agua, su manejo y la forma de investigarla.

¿Estamos preparados para ello?...

 

 

 

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